Lo que leo, lo que veo y lo que guardo.

Mi foto
Madrid, Madrid, Spain
Lo que leo, lo que veo y lo que guardo
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Japonesa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Japonesa. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2026

Venganza, de Yoko Ogawa 小川 洋子 : relatos oscuros rescatados de la estantería


Lo bueno de ponerme a ordenar la biblioteca es que, de vez en cuando, me reencuentro con algunas lecturas que en su día se quedaron sin reseñar. Así ha sido con Venganza (寡黙な死骸 みだらな弔い, Kamoku na shigai, midara na tomurai)  de Yoko Ogawa, una obra que rescato ahora, un poco tarde, para seguir completando mi recorrido por los libros que tengo de la autora. Quienes sigan de cerca sus obras recordarán la sutil tensión psicológica que ya analicé en El embarazo de mi hermana, la atmósfera tan particular que envolvía los días en La residencia de estudiantes o la delicadeza matemática de La fórmula preferida del profesor. Sin embargo, en esta ocasión, Ogawa da un paso más hacia lo abiertamente macabro a través de una colección de relatos que esconden mucho más de lo que parece a simple vista.

Lo que a primera vista parece un libro de once cuentos independientes, pronto se revela como un ingenioso rompecabezas. Ogawa tiene una forma muy sutil de ir conectando las historias. Un personaje secundario de un relato se convierte en el protagonista del siguiente, un escenario reaparece cuando menos lo esperas, o un pequeño detalle, como una extraña plantación de zanahorias con forma humana o un tigre de Bengala, sirve de hilo conductor. Me gustó mucho ir descubriendo esas conexiones y ese juego de espejos que la autora propone.

Aun así, hay que advertir que la atmósfera de Venganza no es para todos los estómagos. Es un libro frío, clínico en ocasiones, donde temas como la muerte, el luto, la obsesión y, por supuesto, la venganza, se abordan desde una perspectiva muy oscura. Relatos como el de la madre en la pastelería, que abre la colección, o el del artesano que fabrica estuches para corazones, muestran un terror sutil, esa incomodidad que se cuela en lo cotidiano sin hacer ruido.

A pesar del impecable diseño de este mapa de relatos conectados, la frialdad de su atmósfera hace que, de momento, mantenga la preferencia por el magnetismo de las anteriores lecturas que ya han pasado por el blog. Aunque mi recorrido con la autora no termina aquí: ya tengo encargado La policía de la memoria, así que pronto habrá una nueva oportunidad para seguir descubriendo sus diferentes facetas. 

Como apunte final, no quería dejar pasar el curioso cambio de título para su publicación en español; sabiendo que el original japonés significa literalmente algo así como Cadáveres silenciosos, funerales indecorosos, creo que esa traducción refleja muchísimo mejor la esencia perturbadora del libro que un simple y directo Venganza.

Yoko Ogawa

domingo, 7 de junio de 2026

La chica de Kyushu (Kiri no Hata / 霧の旗) - Seicho Matsumoto y Yoji Yamada: Cuando la película supera al libro


Puro noir japonés para la entrada de hoy y, para qué engañarnos, vengo con bastantes ganas de desahogarme. Voy a hablar de la novela La chica de Kyushu del maestro Seicho Matsumoto (松本清張), con traducción de Marina Bornas, y de su fantástica adaptación al cine de 1965, dirigida por Yoji Yamada (山田洋次). Una historia descarnada sobre clases sociales, justicia y venganza que, sin embargo, me ha dejado impresiones muy distintas según el formato.

El título: El vicio de destrozar la obra original

Empecemos por lo que más me repatea: la manía de las editoriales en España de inventarse títulos buscando el gancho comercial. Hacen siempre lo mismo (solo hay que recordar el reciente caso de Mantequilla de Asako Yuzuki), y aquí se han vuelto a lucir.

El título que le dio Matsumoto, y que la película sí respeta, es Kiri no Hata (霧 de la niebla / 旗 de la bandera), que se traduce como "La bandera en la niebla". Quien tiene interés por el idioma, se interesa por la obra original y busca acercarse a su verdadera esencia. En la historia, la "niebla" es esa burocracia fría y el sistema clasista de Tokio, y la "bandera" es Kiriko, la protagonista, pidiendo auxilio donde nadie quiere mirar. ¿A qué viene llamarlo "La chica de Kyushu"? Le quitan toda la poesía y el misterio psicológico de un plumazo.

viernes, 15 de mayo de 2026

Mantequilla (バター) – Asako Yuzuki (柚木 麻子): El peso del juicio y el derecho a ocupar espacio


He terminado de leer Mantequilla, de Asako Yuzuki, y me ha dejado una sensación agridulce. Como vegetariana, toda esa exaltación de las grasas animales me resultó bastante ajena, pero lo que de verdad me atrapó no fue la comida, sino la forma en que la autora disecciona la presión social sobre las mujeres.

Lo más sugerente de la novela es que, más allá del caso criminal que la inspira, termina hablando de algo muy reconocible: la exigencia de encajar, también en lo físico, dentro de una idea muy concreta de feminidad. Inspirada en el caso real de Kanae Kijima, conocida mediáticamente como la asesina de konkatsu —término japonés que alude a la búsqueda de pareja con intención de casarse—, Mantequilla convierte el escándalo en una reflexión afilada sobre deseo, apariencia y castigo social. Traducida por Yoko Ogihara y Fernando Cordobés, la novela va mucho más allá del morbo del caso y se adentra en un territorio mucho más incómodo: el del juicio constante.

También me ha interesado especialmente la evolución de Rika, la periodista, sometida una y otra vez a la mirada de los demás. En el ámbito laboral, el respeto parece depender de la talla, y conforme su cuerpo deja de encajar en la norma, el trato de sus compañeros se vuelve más frío, más condescendiente y, en ocasiones, abiertamente cruel. En lo personal, su relación con Keiko es de lo más auténtico del libro, mientras que el vínculo con Makoto transmite una soledad extraña, esa que a veces también se siente estando acompañada.

En definitiva, Mantequilla es una novela incómoda porque no solo habla de un crimen, sino del castigo social que recae sobre las mujeres que no se ajustan a lo esperado. Asako Yuzuki deja claro que el verdadero conflicto no está en lo que comemos, sino en el derecho a ocupar espacio sin tener que pedir permiso.

Asako Yuzuki

jueves, 26 de febrero de 2026

Pechos y huevos 乳と卵 de Mieko Kawakami 川上未映子


Hay libros que llegan con fama de “gran novela feminista del momento” y una se acerca con cierta desconfianza. Con Pechos y huevos me ha pasado algo distinto: más que un eslogan, me he encontrado con tres mujeres muy concretas, muy frágiles y muy tercas, que me han acompañado varios días después de cerrar el libro.

Cierro sus páginas y me queda una sensación difícil de nombrar. Es uno de esos libros que se te quedan dentro, dándole vueltas a la cabeza, como si aún no quisieran soltarte. Me ha removido y, a ratos, me ha dolido, pero también me ha hecho pensar en todo lo que todavía callamos las mujeres, aquí y allí.

Un viaje en el tiempo (y en el espacio)

Lo primero que me impactó fue la distancia cultural. Al leer sobre Natsu, Makiko y Midoriko, me venían imágenes de una España de hace sesenta años. Si quitamos el paisaje urbano de Osaka y los Snack Bars, lo que queda es una soledad parecida: mujeres que sobreviven como pueden, con trabajos precarios y pocas manos que las sostengan.

No me ha sorprendido la rigidez de la sociedad japonesa. La falta de ayudas públicas, el miedo al estigma, y sobre todo, el orgullo de Makiko, que prefiere hundirse antes que pedir ayuda. Es un retrato honesto —y doloroso— de un sistema que parece moderno solo en apariencia.

Los Snack Bars: El escenario de la precariedad

domingo, 28 de diciembre de 2025

El laberinto de Haruki Murakami (村上 春樹): entre elefantes perdidos y pájaros que dan cuerda

Ser seguidora de Haruki Murakami y que la editorial Tusquets publique su obra —digámoslo suavemente— según sople el viento, tiene sus inconvenientes. El primero y fundamental es que, para quienes conocemos de cerca la bibliografía del japonés más universal, el factor sorpresa se diluye en un mar de déjà vu. Da igual los años que hayan pasado: sabemos perfectamente si estamos releyendo algo suyo y, lo que es más grave, recordamos exactamente dónde lo leímos por primera vez. Es una cruz, lo sé, pero así funciona la memoria de una lectora fiel.

Esta entrada la tenía perdida en mi lista de borradores, olvidada entre notas y lecturas pendientes, lo cual no deja de ser irónico; como si el propio libro hubiera jugado conmigo al escondite. Pero al rescatarla, me he vuelto a dar de bruces con esa frustración tan familiar.

Esta sensación me asaltó nada más abrir El elefante desaparece. El volumen arranca con el relato titulado El pájaro que da cuerda y las mujeres del martes y, ¡maldita sea!, no pude evitar el exabrupto. Es, palabra por palabra, el inicio de su aclamada novela Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Esta forma de publicar "a cuentagotas" y desordenadamente nos obliga a convertirnos en detectives de su propia obra. Sin embargo, una vez superado el enfado inicial por el caos cronológico, comprendes que este libro no es solo una recopilación de cuentos; es el laboratorio genético de Murakami. Aquí es donde plantó las semillas de lo que años más tarde serían sus grandes catedrales literarias.

El mapa de los relatos: de la semilla a la mesa