De algo hay que morir. Vale, pues muérete, pero lejos de mi. Soy feliz porque en las cafeterías, los bares que más me gustan, restaurantes, discotecas..., ya no se fuma, a excepción de algún sitio con un dueño energúmeno, son la excepción. Por qué hay que dejar de fumar, cosas que he visto y que me han contado mis amigos, amigas y colegas de profesión que fuman o han fumado: - Sus catarros, no sólo tardan en curar, en ocasiones se pasan todo el invierno tosiendo, moqueando. Esa tos de fumador que le sale de lo más profundo del ser, de las catacumbas, fuerte, sonora, echando esputos asquerosos. Cuando les dices, eso es de fumar, te dice, que va, es un trancazo que cogí que no hay manera de soltarlo, estos cambios de temperatura... Callamos porque no hay manera de hacerles entrar en razón. Más tarde, la tos tonta que no se quita, creo que la tienen continua durante todo el año. - La voz, una persona que lleve por lo menos diez años fumando, incluso menos, depende de la persona, ...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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