Dirigida por Yōjirō Takita en 2008, Okuribito no es solo una película sobre la muerte, sino un canto compasivo y luminoso a la vida. La historia nos sitúa tras los pasos de Daigo Kobayashi ( Masahiro Motoki ), un violonchelista que, tras el fracaso de su carrera en Tokio, regresa a su provincia natal. Allí, por un equívoco en un anuncio de trabajo, acaba empleado como nokanshi : un profesional que lava, prepara y viste a los difuntos antes de la cremación, en presencia de sus familias. Lo que en un principio comienza casi como una comedia de enredos existencial, se transforma lentamente en una de las exploraciones más hermosas que ha dado el celuloide sobre el perdón, la vocación y el respeto. La figura del maestro: Sasaki y Daigo Si hay un pilar que sostiene la carga emocional de la película, es la relación que se forja entre Daigo y su jefe, Sasaki , interpretado por el inmenso Tsutomu Yamazaki . Sasaki no es un mentor al uso; es un hombre de pocas palabras, hosco en aparien...