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miércoles, 31 de enero de 2018

Lecturas caribeñas I: El Ángel Dadá - Fernando González Viñas - José Lázaro


Salvo la primera parte de mi viaje de "verano en invierno", en la que estuve haciendo un poco de turismo por aquí y por allá, cuando llegué al Caribe fue ya con la clara intención de holgazanear. Dos semanas tirada en una hamaca de hotel (bueno, ya me entendéis, durante el día) con una playa estupenda, palmeras, arena fina, agua calentita y una temperatura maravillosa. No me acordé del frío de Madrid para nada. Alternando mis baños de sol en la hamaca con baños en el mar, me ponía las gafas y el tubo y a disfrutar del fondo marino. Conozco el paraíso.

¿Y qué se puede hacer en una hamaca de playa después de tener la panza llena? Pues, además de beber agua y de dormir un poco, leer. Tres libros, todos relacionados con Japón de alguna manera, pero completamente diferentes.

Me llevé como único libro en papel El Ángel Dadá, de mi amigo virtual Fernando González Viñas, el cordobés más famoso de este blog. ¿Qué tiene que ver con Japón la historia? Nada, pero su autor es un cordobés-samurái (sin katana, eso creo) que conoce Japón como nadie; es como un Lafcadio Hearn, pero del siglo XXI. Los otros dos libros que leí los llevaba en el Kindle, que para viajar no hay nada igual.

El Ángel Dadá es una novela gráfica centrada en las venturas y desventuras de Emmy Ball-Hennings, creadora del Cabaret Voltaire. ¡Cuánto mundo desconozco! No conocía a Emmy, ni sabía de su existencia.

Uno de los libros que tengo en casa, titulado (a saber quién lo compró) Dadaísmo, de Dietmar Elger (Taschen Benedikt - 2004), parece muy sesudo y da un repaso, como su título indica, al movimiento Dadá. Pero en una lectura rápida (bueno, más bien pasar hojas, para qué engañarnos), apenas veo alguna referencia y alguna fotografía de nuestro Ángel Dadá, Emmy.

Y como el asunto es entre Doctores en Historia, yo me quedo con Fernando González Viñas, faltaría más, que visibiliza a una mujer artista de una forma entretenida y muy bella (la novela es una pasada). ¡Qué falta nos hace conocerla! Con sus virtudes y sus miserias, que alguna había. Dentro de poco publicará la traducción de la que fuera su primera novela, Cárcel, seguida del poemario Estrofas del éter (le gustaba ponerse hasta las cejas con éter, y con cocaína, coñac... y cualquier cosa que pillara).

Conociendo las anteriores publicaciones de Fernando González Viñas (El último yeyé; Esperando a Gagarin; Japón, un viaje entre la sonrisa y el vacío; y Manolete, biografía de un sinvivir), tiene mucho mérito escribir una novela de esta calidad donde la protagonista es una mujer. Por momentos creía que era la propia Emmy Hennings quien contaba su historia; sin embargo, el humor inconfundible del cordobés, como no podía ser de otra forma, está presente.

En la novela se menciona a muchos artistas coetáneos de Emmy, tanto del movimiento Dadá como de otras expresiones artísticas. Uno de los que me llamó más la atención fue Hermann Hesse, uno de mis autores favoritos de mi juventud (fundamentalmente por Siddharta y El lobo estepario). Y, ¿sabíais que el movimiento Dadá también estuvo en tierras niponas? Uno de sus representantes fue Shinkichi Takahashi, un matrimonio de Dadá con Buda:

Dadá afirma todo y niega todo
Dadá encuentra el yo en todo
Todo es único; la resignación búdica
encuentra todo en todo...

Las ilustraciones son de José Lázaro. Por momentos crees que estás en el nacimiento del cine, el cine mudo expresionista alemán, al que tan agradecidos estamos los amantes del séptimo arte. Para que tengáis una idea de cómo son esas ilustraciones, recordad, por ejemplo, El gabinete del doctor Caligari (1920) de Robert Wiene, o cómo no mencionar la conocida Nosferatu (1922), dirigida por Friedrich Wilhelm Murnau.

Así que te animo a que disfrutes de esta magnífica novela; no solo servirá para entretenerte, sino además como consulta de una época y de unos personajes que quisieron romper con las convenciones sociales y que tocaron todas las artes. Yo volveré a su lectura y a disfrutar nuevamente de sus viñetas (en mi libro conservaré la arena caribeña que se quedó entre sus hojas, la dejaré de recuerdo de un guapo italiano que conocí allí, en fin).

Fernando González Viñas

José Lázaro