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miércoles, 12 de agosto de 2026

La Casa del Dragón (House of the Dragon) - Temporada 3: La épica que estábamos esperando

Si algo nos ha dejado claro esta tercera temporada de La Casa del Dragón es que ha sabido darnos exactamente la dosis de épica que llevábamos tiempo pidiendo. Atrás quedan los ritmos excesivamente pausados; esta vez, la serie nos ha mantenido con el corazón en un puño de principio a fin. Toda la temporada ha sido un viaje trepidante, lleno de tensión constante, alianzas traicioneras y esa intriga palaciega que tanto me gusta, pero elevada a su máxima potencia. Como espectadora, confieso que me ha tenido completamente enganchada semana tras semana.

El desarrollo de la trama ha ido construyendo una presión insostenible entre los bandos, preparándonos meticulosamente para el estallido inevitable. Y vaya si ha estallado.

Mención aparte merecen las dinámicas familiares. La serie sigue sin cortarse un pelo a la hora de mostrarnos la endogamia y los incestos tan propios de los Targaryen. A estas alturas de la historia, casi logran que nos acostumbremos a ver estas relaciones de cama entre parientes con una normalidad pasmosa dentro de su retorcido universo, añadiendo siempre esa capa extra de incomodidad y toxicidad que hace todo más fascinante.

El gran broche de oro ha sido, sin lugar a dudas, esa espectacular batalla final. Hacía tiempo que un enfrentamiento televisivo no transmitía tanta adrenalina y dramatismo al mismo tiempo. Visualmente ha sido un despliegue arrollador: la escala del conflicto, el fuego, y las decisiones desesperadas en medio del caos te dejaban pegada al asiento. Es de esos capítulos en los que apenas te atreves a parpadear por miedo a perderte un solo detalle.

Eso sí, ni siquiera el imponente Poniente se libra de los despistes en la sala de montaje. Ha sido imposible no soltar una carcajada con el tremendo gazapo (un fallo de raccord de manual) protagonizado por Daemon Targaryen en plena escalada de tensión. ¿Caballo, dragón y vuelta al caballo en un abrir y cerrar de ojos? Parece que nuestro querido príncipe ha desarrollado el don de la teletransportación táctica entre monturas. Sin embargo, tengo que ser justa y decir que se lo perdono por completo. Cuando un episodio te emociona de verdad y te arrastra con tanta fuerza, estos errores de continuidad se convierten en una simple anécdota divertida que no logra empañar para nada la majestuosidad del resultado final.

En resumen, una tercera temporada redonda que nos devuelve la mejor esencia de la saga y que por fin nos ha hecho vibrar como merecíamos. He quedado encantada, y mucho me temo que la espera para la cuarta temporada se me va a hacer demasiado larga.