Hoy hace cinco meses que falleció José Saramago y le echo muchísimo de menos. Me había acostumbrado a su presencia serena en los medios de comunicación, siempre alzando la voz por los más desfavorecidos y manteniéndose a su lado. Creo recordar que su última aparición pública, a pesar de lo avanzada que estaba su enfermedad, fue para apoyar a Aminatu Haidar durante su huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote. Los recientes acontecimientos en El Aaiún han hecho que el recuerdo de aquel día resuene en mí con aún más intensidad. Los libros que atesoro de José Saramago ocupan un lugar privilegiado: están en el medio de la estantería, en el centro exacto y a la altura de la vista. Siempre los tengo presentes y a mano para perderme en su lectura. Hace poco, charlando con un amigo, nos preguntábamos qué libro suyo destacaríamos por encima de los demás, con cuál nos quedaríamos si solo pudiéramos salvar uno. Es una tarea casi imposible, pues tendríamos que elegir, primero, entre género...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
Reseñas profundas con mirada personal. ¡Sígueme!