Otra vez tenemos entre manos a Haruki Murakami (村上 春樹, Murakami Haruki) con De qué hablo cuando hablo de correr (Hashiru koto ni tsuite kataru toki ni boku no kataru koto - 走ることについて語るときに僕の語ること). Esta vez, al igual que ocurrió en diciembre pasado con El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, la elección, por mi parte, es más que bienvenida. El título, como muchos sabrán, parafrasea a su venerado Raymond Carver y su famoso De qué hablamos cuando hablamos de amor.
En primer lugar, este librito es una lectura obligada para todo el mundo: para quienes disfrutan de Murakami y para quienes aún no han leído nada de él; para los amantes del deporte, de la lectura o de la escritura (o de cualquiera de ellas por separado). Incluso para aquellos que suelen decir eso de "es que estos japoneses...". Hay que leerlo.
Yo misma compré dos ejemplares adicionales para regalárselos a una amiga y a un amigo. No quiero volver a oírles decir (como pasó en las últimas vacaciones) que no tienen tiempo para hacer deporte. Si un tipo como Murakami, con una producción literaria tan inmensa, es capaz de participar todos los años en un maratón y en un triatlón —llegando incluso a correr un ultramaratón de 100 km—, queda claro que se requiere una gran dedicación diaria. Y si él puede, los demás sí que podemos dedicar 50 o 60 minutos al día (bueno, o en días alternos) al ejercicio físico. Ese latinajo que conocemos desde pequeñas, Mens sana in corpore sano, creo que aquí es muy acertado; Murakami nos lo hace sentir de tal forma que dan ganas de calzarse las zapatillas y salir a correr al instante. Lo de coger la pluma ya lo veo un poco más difícil.
Tusquets publica este libro con la cuidada traducción de Francisco Barberán, y confieso que he disfrutado muchísimo de la lectura. La edición incluye trece fotografías del autor en distintos momentos de sus competiciones; por ejemplo, la que vemos a la derecha está tomada en el kilómetro 12, en la avenida Maratón, en Grecia (una fotografía de Masao Kageyama).
Es increíble cómo este libro dice tantas cosas en tan poco espacio y logra transmitir tantos sentimientos. Además de hablarnos del día a día del corredor, reflexiona sobre los escritores, sobre el talento y sobre aquellos que lo poseen de forma natural:
«un talento inmarcesible que les permite escribir obras cuya calidad nunca disminuye», como Shakespeare, Balzac, Dickens... «gigantes. Los que no somos gigantes... tenemos que ir ingeniándonoslas en muchos aspectos».
En el epílogo, recuerda a algunas personas con las que se cruzaba mientras entrenaba y dedica el libro a todos los corredores con los que ha compartido asfalto: a los que adelantó y a los que le adelantaron. (La fotografía superior es la portada de la edición original publicada en Japón).
Al final, con esa humildad que desprende a lo largo de todas sus páginas, confiesa que si algún día quisieran grabarle un epitafio, le gustaría que dijera lo siguiente:
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| La prueba del delito. Aún hoy me pregunto en qué momento pensé que subrayar a Murakami con amarillo chillón era buena idea. Pero el mensaje lo merecía |
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| Haruki Murakami |





Comentarios
Por tu entrada, parece que el nuevo libro es una opción de cara al próximo 23/4, aunque mi tiempo de corredor ya pasó, cada vez salgo menos y lo he cambiado por la piscina, supongo que es itercambiable no?
un saludoi
¿Qué tal?. Tengo que decirte que, ”El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas” (piensa que lo publicó en 1985), es de los libros de Murakami que más me gustan.
Sobre el “De qué hablo…”, no es ni un ensayo, son cosas que cuenta Murakami sobre su preparación para los maratones (sin ansias para ganar, sólo participar) y parece que lo escribió para que nos concienciemos (yo creo que es esa su intención) en tener una vida sana, es un ex fumador y hace un poco de proselitismo (para el día 23 magnífico.)
Lo de la piscina me parece que Murakami San, lo vería estupendamente, no todos podemos tirarnos a correr por esos mundos, hasta caminar con un poco de garbo sirve, al menos eso creo yo.
Hasta otra,
Bara
saludos
¿os dejáis los libros?, yo no los dejo, así me torturen, si alguien quiere un libro prestado, que se vaya a una biblioteca pública
(no en la que se metió Kafka Tamura, que menudo antro).
Hasta otra,
Bara