El autorretrato —un mural enorme de Vincent van Gogh — preside la entrada al museo que la ciudad de Ámsterdam dedica a este genial artista. Es el único rincón del recinto donde te permiten hacer fotografías y confieso que me hice muchísimas: a la izquierda, a la derecha, en el centro, posando con una pierna delante, en jarras, mirando fijamente a Vincent ... Fue al final de la visita (aunque en realidad di tres vueltas completas por todas las salas). Sencillamente no me quería ir; es un lugar maravilloso. Pasé allí casi el día entero y, como hay un restaurante dentro, la intendencia estuvo cubierta. Es muy emocionante entrar y, nada más llegar, verte rodeada por sus pinturas. En realidad, tras dejar la mochila obligatoriamente en la consigna, lo primero que hice fue coger una audioguía. Quizá no debí hacerlo. Dramatizan tanto la vida de Van Gogh —que ya conozco relativamente bien, como el resto de los mortales— y hacen tanta referencia a las cartas a su hermano Théo , quien lo atendi...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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