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La llave maestra (大いなる幻影), de Masako Togawa (戸川 昌子) – Los secretos del edificio K

Siempre es un buen momento para volver a la literatura japonesa. Hoy quiero traeros al blog La llave maestra, de Masako Togawa. Aunque la leí hace algún tiempo, la novela me pareció singular y no quería dejar de compartir las impresiones que me dejó en su día, porque es una de esas lecturas que se quedan grabadas a fuego. Además, aprovecho que la editorial Seix Barral acaba de publicar una nueva edición con traducción directa del japonés a cargo de Tana Oshima, una excusa perfecta para adentrarnos en los secretos de esta historia.

El microcosmos del edificio K

Si hay algo que me pareció verdaderamente fascinante de esta novela es, sin duda, su escenario. Todo transcurre en los Apartamentos K, una residencia exclusiva para mujeres solteras en el Tokio de la posguerra. Togawa no se limita a usar el edificio como un simple decorado; el propio bloque de ladrillo rojo respira, vigila y oprime. Es un espacio cerrado, asfixiante, donde las paredes parecen oírlo todo y donde el eco del pasado resuena en los pasillos.

La fascinante e indomable Masako Togawa

No se puede hablar de esta novela sin detenerse un momento en su creadora, nacida en Tokio en 1931 y fallecida en 2016. Su biografía daría para una novela en sí misma. Masako Togawa no fue una escritora al uso: fue cantante de chanson en cabarets, actriz y dueña de su propio club nocturno. Nunca se plegó al modelo clásico familiar de la época que exigía a las japonesas ser esposas sumisas; decidió ser madre soltera y vivió abiertamente su bisexualidad, rompiendo moldes en un país donde todo aquello era un absoluto tabú.

Aprovechando el éxito literario que le dio esta novela, en 1967 abrió su propio local en el barrio de Shibuya, el Aoi Heya (La Habitación Azul). Aquel club se convirtió en el gran refugio de la intelectualidad, la bohemia tokiota y la disidencia sexual, un espacio clandestino donde se daban cita grandes figuras como Yukio Mishima y multitud de artistas. La propia Togawa amenizaba las noches cantando con su voz profunda, liderando las tertulias hasta la madrugada. Y lo más revelador de todo: ella misma creció junto a su madre en los verdaderos Apartamentos K. Esa atmósfera opresiva y hermética de mujeres viudas y solteras de posguerra no es pura invención; la vivió en primera persona, llegando a escribir gran parte de este manuscrito a escondidas en los estrechos camerinos de los clubes entre actuación y actuación.

Descifrando a sus habitantes

Para mí, como lectora, fue una experiencia muy emocionante. La trama te arrastra por un motivo principal: la necesidad imperiosa de descifrar a los personajes. Cada puerta del edificio K esconde a una mujer con una carga psicológica compleja, con traumas silenciados y comportamientos excéntricos. El robo de la llave maestra que abre todas las habitaciones del bloque es el detonante perfecto para que todos esos secretos, que llevaban años celosamente guardados, empiecen a salir a la luz.

Vas uniendo las piezas de un rompecabezas humano, intentando comprender qué oculta cada una de ellas y cómo sus vidas terminan entrelazándose de forma inevitable.

Su lugar entre las plumas japonesas

Para las lectoras que estamos acostumbradas a diseccionar la literatura nipona, leer a Togawa es un descubrimiento interesantísimo. Su forma de explorar la intimidad y los rincones más oscuros y perturbadores de la mente me recuerda mucho a esa tensión psicológica y casi asfixiante que tan bien domina Yōko Ogawa (es imposible no pensar en la atmósfera de Venganza al recorrer estos pasillos).

Al mismo tiempo, comparte con voces como la de Mieko Kawakami esa mirada aguda y crítica sobre la situación de la mujer y su encaje en la estricta sociedad japonesa (algo que ya exploré por aquí al hablar de novelas como Pechos y huevos o Los amantes de la noche). Todo ello, por supuesto, envuelto en un misterio clásico impecable que mira de tú a tú a los grandes maestros del suspense y la novela negra nipona, como Seichō Matsumoto o Seishi Yokomizo. A Matsumoto, de hecho, ya me asomé por el blog a través de obras como Punto cero y La chica de Kyushu.

Un final a la altura... y más libros por descubrir

No desvelaré nada que arruine la lectura, pero sí os diré que es un thriller psicológico que sabe cómo recompensar a quien se adentra en él. El final es sumamente interesante y ata todos los cabos de este laberinto de secretos femeninos con una maestría que demuestra por qué Masako Togawa es una figura de culto.

Si os apetece un misterio de atmósfera opresiva y personajes llenos de aristas, cruzad la puerta del edificio K. Y por si os pica la curiosidad, sabed que no es su única obra que cruzó nuestras fronteras: en español también llegaron a publicarse en su día títulos como Lady Killer, un auténtico fenómeno de ventas, y Un beso de fuego. Ojalá el éxito de esta nueva edición anime a las editoriales a seguir recuperando la obra de esta autora inigualable.

Masako Togawa

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