En la edición de hoy de El País, Pablo de Llano nos trae una historia que parece de otro mundo, pero la tenemos a la vuelta de la esquina, Una familia en coma: día 508. Así es la vida de los padres que piden "justicia" en la calle con su hijo inerte
Antonio Meño, ahora tiene 42 años, cuando tenía la mitad de la edad y era estudiante de Derecho, pasó por un quirófano para hacerse una operación de cirugía estética. Una presunta negligencia del anestesista, hizo que Antonio lleve desde entonces en coma.
Las cosas del Derecho y de su mundo, algo que me apasiona, pero que no dejo de reconocer de mis admirados Magistrados del Tribunal Supremo, que mejor se dedicaban al punto de cruz o a jugar al mus antes de firmar sentencias que son verdaderas condenas perpetuas para toda una familia (en este caso, añadida a la situación de sufrimiento generada por el resultado de la operación quirúrgica).
La primera vez que vi esta caseta-denuncia-vivienda en la plaza Jacinto Benavente de Madrid, delante de uno de los edificios del Ministerio de Justicia y leí todo lo que dicen los letreros, carteles, fotografías, se me llenaron los ojos de lágrimas pero no me sorprendió, sentencias injustas tenemos tantas que parece que nos estamos acostumbrando.
En la medida de nuestras posibilidades y como mejor consideremos, combatir estas injusticias, aunque sean dictadas por uno de los Poderes del Estado, se pueden y se deben criticar y combatir cuando se creen que son injustas.
Las fotografías son las publicadas por El País y realizadas por Samuel Sánchez.
Antonio Meño, ahora tiene 42 años, cuando tenía la mitad de la edad y era estudiante de Derecho, pasó por un quirófano para hacerse una operación de cirugía estética. Una presunta negligencia del anestesista, hizo que Antonio lleve desde entonces en coma.
Las cosas del Derecho y de su mundo, algo que me apasiona, pero que no dejo de reconocer de mis admirados Magistrados del Tribunal Supremo, que mejor se dedicaban al punto de cruz o a jugar al mus antes de firmar sentencias que son verdaderas condenas perpetuas para toda una familia (en este caso, añadida a la situación de sufrimiento generada por el resultado de la operación quirúrgica).
La primera vez que vi esta caseta-denuncia-vivienda en la plaza Jacinto Benavente de Madrid, delante de uno de los edificios del Ministerio de Justicia y leí todo lo que dicen los letreros, carteles, fotografías, se me llenaron los ojos de lágrimas pero no me sorprendió, sentencias injustas tenemos tantas que parece que nos estamos acostumbrando.
En la medida de nuestras posibilidades y como mejor consideremos, combatir estas injusticias, aunque sean dictadas por uno de los Poderes del Estado, se pueden y se deben criticar y combatir cuando se creen que son injustas.
Las fotografías son las publicadas por El País y realizadas por Samuel Sánchez.


Comentarios
Tu blog, excelente, como siempre. Trabajas mucho en él, pero no dejas que se note demasiado.
Muchas gracias por tus palabras, eres muy amable, poco a poco le estoy cogiendo el gusto a esto de la comunicación, me divierte mucho.
Ya echaba de menos las “blogonadas”, gracias por volver.
Saludos y nos leemos,
Bara
Saludos.
Mi solidaridad y apoyo a esta familia maravillosa que cuida a Antonio y a todos los amigos que están presentes con su apoyo y cariño.
Un abrazo
Me parece aberrante, como mínimo, que estén pasando cosas como esta (y muchas otras) delante de nuestras narices y que nos acostumbremos a ellas sin abrir la boquita.
Un saludo
Sí, la primera impresión es terrible.
De vez en cuando tenemos que hablar de Antonio y de su familia, de esos padres tan maravillosos que le quieren tanto.
Saludos,
Bara
Si bien, la sentencia no la he leído, pero los medios de comunicación nos han tenido informados, el Tribunal Supremo ha anulado la sentencia que obligaba a pagar 400.000 € a la familia, además, ha acordado devolver las actuaciones para su nueva investigación.
En este enlace vemos la vuelta a casa, http://www.elpais.com/fotografia/espana/Llegada/casa/familia/Meno/elpdiaesp/20101119elpepunac_13/Ies/
Enhorabuena