Desde que, a principios de 2009, Haruki Murakami visitó España para charlar con el alumnado del instituto Rosalía de Castro sobre su nuevo libro, estuve en un sinvivir esperando su publicación. Como lectora, no soy completamente feliz sin, al menos, un Murakami nuevo al año. Tusquets y su Q (creo que es una editorial muy afortunada, hasta el título de su escritor estrella les sale redondo) nos habían adelantado la lectura de los tres primeros capítulos. Yo me resistí; quería tener el libro entre las manos, pasar las hojas, cerrarlo, abrirlo...
(Aviso a navegantes: a partir de aquí hablo de la trama).
Antes de nada: el invento de la historia de la Little People, el debate sobre si estamos o no en 1984 y la paranoia que se monta alrededor, me gustó. Pero vayamos al grano. ¿Qué sensación tuve al finalizar el libro? ¿Qué se me pasó por la cabeza al cerrar la tapa? Pues, en pocas palabras: que le sobra la mitad de las 737 páginas que tiene.
Porque vamos a ver de qué está compuesta esa mitad que me gustaría hacer desaparecer. Encontramos marcas de ropa por doquier (lana fina de Junko Shimada, bolso bandolera negro de piel, zapatos de tacón castaño de Charles Jourdan, gafas Ray-Ban...); sus personajes llevan encima un pastón que da dolor, pero bueno, como son japoneses con posibles, que se note. Lo mismo pasa con los coches: el taxista tiene un Toyota Crown Royal Saloon, por allí va una señora con su hija en un Suzuki Alto rojo. Y esto es solo una pincelada; en el libro es mucho peor. A mí tanta abundancia me marea.
Además, a partir del primer capítulo, los personajes se pasan la vida comiendo o cocinando (léase rellenando). Fideos, tofu, sopa de lentejas (en la vida pediría yo esto), ensalada templada de primavera y rape a la papillote acompañado de polenta, vino tinto... No pega demasiado, pero como invita la casa. Otras veces, el autor nos relata con detalle qué hacen en el retrete: «orinó... cerró los ojos y escuchó el ruido de su propia orina». Todo esto, y muchas cosas más, son detalles superfluos que no aportan nada a la trama ni ayudan a descubrir el misterio. Definitivamente, sobran. Y lo peor es que aún falta un tercio de la historia; hasta septiembre no sabremos qué va a pasar y, qué mareo, no sé si me acordaré de todo.
Cosas positivas: la contención con la dichosa música. A estas alturas todo el mundo sabe que Murakami domina la música y la historia sobre su club de jazz, pero no es necesario reiterar siempre lo mismo hasta aburrir. Esta vez arranca con la Sinfonietta de Leoš Janáček. Bien, me gusta. Aunque más adelante se despista un poco y empieza a hablar de jazz, no es muy grave, ya que menciona a Louis Armstrong y te aguantas. Cuando apareció Michael Jackson en el primer capítulo pensé «ya empezamos», pero por suerte fue una falsa alarma. Más adelante asoma, por fin, Johann Sebastian Bach y su El clave bien temperado.
Los personajes principales:
Aomame, 青豆: Me gusta. Una mujer protagonista y llevando la batuta (¿o el picahielo?). Asesina, treinta años, deportista (aunque se pasa un poco con los estiramientos y un día se va a descoyuntar). Por supuesto, sexualmente es una fiera a la que le gustaría tener un poco más de pecho. Cuando no está matando a algún señor, está en el gimnasio buscando un calvo para acostarse con él o acordándose de su amiga muerta y de aquella vez que se tocaron. Este Murakami y su fijación con el sexo...
Tengo, 天吾: Me gusta, es algo diferente a lo que nos tiene acostumbrados el autor. Es un tipo grande, matemático, que se relaciona bien con el resto de los mortales, cocina muy bien y no tiene una súper colección de discos de jazz. Se deja llevar y mantiene una relación con una novia mayor, que, cómo no, es una compañera sexual magnífica. También él arrastra sus fijaciones: un recuerdo infantil con los pechos de su madre siendo succionados por un tipo que no era su padre. Se marea con ese recuerdo y no me extraña. Es lector en una editorial y tiene aspiraciones literarias, aunque aún no ha cumplido los treinta.
Fukaeri, ふかえり: Una especie de autista de 17 años en plan Rain Man, pero con un jersey que le resalta, de nuevo, el pecho. Cómo no. Si le preguntas algo, no te contesta; es un poco cortita, la verdad. Es la autora de La crisálida de aire (空気さなぎ, Kūki Sanagi), donde cuenta una parte importante de su vida.
Little People (リトル・ピープル): El gran misterio. Sabremos más en septiembre, pero en principio son unos seres aparentemente malignos que no paran de coser en el aire.
Estructura y detalles:
1Q84 está dividido en dos libros (abril-junio y julio-septiembre, supuestamente de 1984). Cada libro tiene veinticuatro capítulos que alternan entre Aomame y Tengo. La traducción corre a cargo de Gabriel Álvarez Martínez. No sé si es buena o mala, pero esta edición está plagada de localismos españoles. Por ejemplo, leer «no tenía un duro» (referido a los yenes) rompe la magia. En España lo entendemos, pero creo que no gustará al público de otros países hispanohablantes si la traducción es la misma. Haruki Murakami es ya el autor menos japonés de entre todos los nipones; si encima lo españolizamos, a mí personalmente no me convence.
La obra arranca metiendo a Aomame en un taxi atascado, escuchando a Janáček. El taxista le aconseja que baje y cruce la Ruta 246 por unas escaleras de emergencia si tiene prisa. Y así lo hace. Ni corta ni perezosa así lo hizo, caminó hasta un semáforo, cruzó la Ruta 246 (el cartel que os pongo en la foto lo fotografié yo misma en Japón) y llegó a su cita. Se dirige a un hotel para encontrarse con un objetivo que no la esperaba: un hombre que ejercía una brutal violencia machista y le había roto varias costillas a su mujer con un palo de golf. Con el picahielo de Aomame se le acabaron las oportunidades de jugar al golf.
Aomame es una mujer solitaria. Sus padres eran devotos de la Asociación de los Testigos (una secta que recuerda irremediablemente a los Testigos de Jehová), lazos que rompió de joven al no creer en lo que predicaban. Echa de menos a Tengo, a quien no ve desde la infancia.
Murakami mezcla en la novela muchos hechos históricos de Japón que poco a poco intentaré investigar para ver qué hay de cierto. A pesar de mis quejas sobre su excesiva extensión, reconozco que disfruté de la lectura y de sus protagonistas, aunque me da rabia tener el libro "cojo" a la espera de la tercera parte. No me emocionó como Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (que sigue siendo mi favorito), pero es un buen viaje.
Curiosidades:
El boom de Janáček: Gracias a las primeras páginas del libro, las ventas de los discos de la Sinfonietta de Janáček se dispararon en Japón de una forma absurda. En una semana se vendieron más copias en el país que en los veinte años anteriores juntos.
El juego del título y Orwell: El título es un homenaje fonético directo al 1984 de George Orwell, ya que en japonés el número 9 se pronuncia kyu. Pero además, la "Q" en inglés también hace referencia a "Question mark" (signo de interrogación), subrayando ese mundo alternativo y lleno de dudas en el que entra Aomame.
Aum Shinrikyo: La secta religiosa a la que alude el libro (Asociación de los Testigos) tiene fuertes paralelismos con Aum Shinrikyo, el grupo responsable del ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995. Es un tema que obsesionó a Murakami y que documentó a fondo en su ensayo Underground. (Actualización: aunque cuando escribí esta reseña aún no estaba traducido, por suerte ya lo tenemos publicado en español para quien quiera contrastar la historia real con la ficción).
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| Haruki Murakami |



Comentarios
Tengo que reconocer que me resultan curiosas algunas de las cosas que comentas del libro, sobretodo aquello de que consideras que le sobra la mitad. En mi opinión el tempo de la narración es uno de los grandes logros del amigo Murakami en esta obra. Es decir, ha dado su sello personal a una historia que básicamente es un thriller, pero que a su vez es mucho más que eso. En fin para mi gusto esos espacios colmas e introspectivos son básicos para que se cree esa complicidad y empatía con la historia tan características en su literatura y sirven para diferencian este thriller de, por ejemplo, uno de Dan Brown (todos mis respetos). Que el tipo pretenda transmitir emociones a través de la música ( o la comida ), es algo más que lícito, partiendo de la base de que seguramente para el sean elementos altamente evocadores. Al final supongo que para escribir a ese nivel tienes que tomar prestado muchas cosas de “tus adentros”.
Lo cierto es que si le quitamos eso a Murakami (reflexiones en excusados y demás lineces incluidas), poco nos quedaría de el ¿no?.
Oye, ya me perdonarás esta intromisión, en el fondo debe de ser que todavía no he podido debatir con nadie este libro y me venía haciendo falta : )
Gracias por las músicas, por cierto.
No era mi intención molestar y está muy bien la polémica en los comentarios, da vidilla al blog.
Tal vez la mitad del libro sea mucho, de todas formas es una forma de hablar, pero no me digas que 100 hojas están de más.
Me gusta la imaginación de Murakami, pero este libro me suena a otras historias y no precisamente de él
De todas formas, recuerdo a Luis Leante en una entrada de su blog hablando del decálogo del escritor, en el que me decía que si alguien necesita 1000 páginas para contar algo que se puede hacer en 300, tiene un problema. Creo que este es el caso de Murakami, se ha extendido demasiado y sin necesidad, a mi parecer, te recuerdo que falta un tercio de libro.
Pero bueno, que sigo siendo fan de Murakami, simplemente que no todo lo de él me gusta y por leerle tanto supongo que me he ganado el derecho de criticarle.
Estoy viendo la gala de los Goya, estuvo muy bien el discurso de Alex de la Iglesia sobre las nuevas formas de ver cine, espero que no caiga en saco roto.
Hasta otra,
Aomame
Respeto tu opinión, pero no la comparto. Sobre la cita de Luis Leante, ok, entiendo su significado y sobretodo pienso que sería valido para un texto científico o, a lo sumo, como un buen consejo para un no iniciado. Para un autor con el talento de Murakami, no me vale. Veo esa máxima útil para la escritura vista como una artesanía, y el arte transciende la artesanía.
Aprovechando tu cita, te contesto con otra. Es de Kakuzo Okakura, de su “Libro del Té”:
“Al ofrecer a su ser querido la primera guirnalda, el hombre primario se elevó por encima de la condición de la bestia; saltando el obstáculo de su grosería física, devino humano; adquiriendo conciencia de la utilidad sutil de lo inútil, entro en los dominios del arte.”
Pero oye, que no creas que no se a lo que te refieres.
Cuando se publique el resto del libro volveré a leerlo, tal vez vea la necesidad de la “inutilidad”, que tampoco lo llamaría así, sino superfluo y en muchos casos resulta cansino.
Por cierto, Luis Leante es un escritor muy bueno de novelas y con una gran cultura, no tardará en aparecer su nuevo libro. Si leyese estos comentarios mencionándole, seguro que haría un chascarrillo de los suyos.
De todas formas, a pesar de la entrada que hice, bastante amplia, no he dicho lo que me parece esta obra, no he sido sincera del todo, lo dejo para septiembre, que es un poco fuerte. Creo que no te va a gustar nada. Aunque, tal vez cambie de opinión cuando tenga toda la obra.
Chao (me gustan tus comentarios),
Aomame
P.D. Si la novela fuese firmada por otra persona, mi valoración sería diferente.
Al final, pues, es todo una cuestión de gustos (pero me reitero: eso es lo que hace Murakami).
Tambien creo que en ocasiones, aunque sea medio inconscientemente, tendemos a criticar lo que se vuelve popular. Murakami molaba muchisimo más cuando todavía era un autor obscuro y desconocido. Nadie es profeta en su tierra.
En cuanto a Luis Leante, no pongo en duda el criterio de sus afirmaciones, solo doy mi opinión sobre ellas (aunque sea la opinión de un profano).
A todo esto, soy conciente e que estoy un poco "venido arriba" No puedo evitarlo, todavía tengo fresca la novela, pero por supuesto que en ella hay cosas que no son de mi gusto personal ( más que fallos del autor). Por ejemplo, se le da demasiado peso a la fantasía, para mi gusto. Prefiero que el elemento fantástico sea más sutil. Creo que si tuviese que elegir uno de sus trabajos, me quedaría con "Pinball,1973"
¡Ah!,Bara, me parece que se por donde irá tu crítica (¿plagio?). ¡Intrigado me tienes! Venga, mójate, suelta prenda.
Un saludo.
Podemos decir que recuerda a otras cosas, original hoy en día creo que ya no hay nada, pocas cosas nos sorprenden en literatura, yo solo pido que me cuenten una historia lo mejor posible, que me entretenga y el autor me respete como lectora. Estas tres cosas siempre las tengo presentes.
Por aquí van los tiros, pero como ya te dije antes, volveré a leerla en septiembre. Por cierto, este montaje con los volúmenes me huele a saga y creo que tendremos a Aomame, Tengo y compañía para rato, salvo que los haya matado en el tercer volumen.
Hasta otra,
Aomame
Sobre la traducción, lo cierto es que es diferente a todo lo anterior publicado por Tusquets de Murakami, indudablemente el traductor, la persona a través del cual nos llega lo que cuenta el autor, es importantísimo.
Hay muchas cosas que no me han gustado de este 1Q84 y sin comparar con el japonés, algunas expresiones, por ejemplo, es evidente que son obra del traductor, supongo que lo habrá hecho con buena intención, pero a mi, lectora de Murakami, no me han gustado.
De todas formas, que esta editorial con un autor tan importante haga juego sucio y utilice a cualquier traductor, esto es, a alguien que no esté capacitado, me parecería increíble si así fuera, pero bueno, peores cosas se han visto.
Un saludo anónimo y gracias por el comentario
Bara
Esto que cuentas del “super” me recuerda, que haciendo la compra el año pasado, como mísera mortal que soy, me encontraba a la entrada de los pasillos de las conservas y las legumbres la fotografía de un escritor muy famoso en esta España nuestra haciendo publicidad de su último libro, me sentía “asediada”, entraba por un lado del pasillo con su foto y salía por el otro y “aahhh” ese señor mirándome, definitivamente no está bien mezclar, evidentemente no caí en la trampa (también influye que este escritor tan famoso me cae como una patada en el culo). Creo que Murakami con el despliegue publicitario que le han hecho, sigue el mismo camino, vender como sea.
Saludos y hasta otra,
Bara