Dazai Osamu 太宰 治 (1909 -1948), un año antes de su suicidio, publica esta breve lectura que nos muestra el final de una época. Japón estaba destrozado, había perdido la guerra, el emperador ya no era un dios y toda una forma de vivir había llegado a su fin. Seguimos a una familia de la aristocracia arruinada que lucha por sobrevivir, Kazuko, es la narradora del fin de esta época; el mismo año en que Japón firmó su rendición, se mudaron a Izú, ella y su madre, a una villa de estilo chino, de la venta de su casa en el barrio de Nishikata de Tokio se ocupó su tío; Naoji , su hermano, fue reclutado y enviado a una isla del sur del Pacífico y no volvieron a saber nada de él. ...Por primera vez en mi vida, comprendí que quedarse sin dinero era como vivir en un terrible y miserable infierno.. El trabajo físico Kazuko no lo rehúye, se ocupa de la casa, de la huerta, de su madre enferma; pero todo esto va a cambiar, acaban de recibir una carta dando noticias ...
Comentarios
Me parece bien que te hayas hecho eco veloz, no es para menos. Esas conductas, por cierto, claro que no deberían estar en los parlamentos (supuestos espejos de la sociedad) Es que deben desaparecer de cualquier parte. Si tú supieras la de imágenes verbales semejantes que he tenido que aguantar en mi vida laboral sobre compañeros o simple gente de paso...
(este es uno de los chistes feministas que me contaba mi abuela, tenía una buena retahíla).
A mi no dan pena, todo lo contrario, me gustaría patearles el culo y no volver a verles nunca más.
Un abrazo
No sé, pero da la impresión que vale todo. Yo también en el ámbito laboral oigo comentarios que me dan mucha vergüenza, a mi me empieza a hervir la sangre, y como no lo puedo remediar, comienzo a bufar. Así que, ahora que le cogí la medida a los coincidentes laborales habituales, se controlan y ya tenemos paz y no tengo que oír las auténticas burradas que cuentan esos de los que dices que tienen boca fácil y maloliente para todo.
Lo del Parlamento, es que cada vez lo llevo peor, hay cada energúmeno de político, y que encima les pagamos, no tienen ningún respeto por los derechos fundamentales de la persona. Bueno, creo que esto es un mínimo para los que viven de la cosa pública.
Chao, supongo que tendremos muchas ocasiones para hablar de esta gente.