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La escritura de los dioses - Descifrando la piedra de Rosetta - Edward Dolnick

Durante más de un milenio, los monumentos de Egipto guardaron un secreto impenetrable. Sus muros estaban repletos de símbolos bellísimos —pájaros, ojos, figuras humanas— que nadie en el mundo sabía leer. Los faraones levantaron templos colosales y tumbas con la firme convicción de que el nombre escrito garantizaba la inmortalidad. Sin embargo, bajo toneladas de arena, el pasado guardaba silencio. Edward Dolnick nos sumerge en este libro en una de las mayores aventuras intelectuales de la historia humana, convirtiendo un reto filológico en un auténtico thriller de suspense.

La trampa histórica: El espejismo de Horapollo

Uno de los mayores aciertos del libro es explicar por qué la humanidad tardó tanto tiempo en desentrañar el misterio. Durante siglos, los sabios europeos cayeron en un error monumental debido a textos antiguos falsos —como el de Horapollo— que aseguraban que los jeroglíficos eran pura filosofía mística o símbolos esotéricos sin sonido. Los eruditos buscaban magia y conceptos abstractos donde, en realidad, había un sistema lingüístico estructurado esperando a ser leído.

El duelo de detectives: El genio metódico frente al francés obsesivo

Ambientada en el corazón del siglo XIX,  Dolnick estructura la investigación como una fascinante carrera de obstáculos entre dos mentes completamente opuestas:

  • Thomas Young: El polímata británico, una mente enciclopédica y brillante que rozó la solución con un enfoque cerebral, analítico y científico.

  • Jean-François Champollion: El erudito francés obsesionado desde la infancia, cuya pasión casi enfermiza por las lenguas orientales lo llevó a jugarse la salud y la vida entera en pos de una única obsesión, logrando finalmente descifrar el código en el histórico año de 1822.

La llave maestra: El eco del idioma copto

El punto de inflexión de esta aventura detectivesca llega cuando Champollion comprende que el copto (la lengua litúrgica que aún utilizaban los cristianos de Egipto) era el último eslabón vivo del antiguo idioma faraónico. Es una revelación preciosa: el pasado nunca desapareció por completo, sino que sobrevivió agazapado en los márgenes del tiempo.

El triunfo de la palabra contra el olvido (Conclusión)

Sin la perspicacia de aquellos detectives de la historia, los monumentos habrían seguido siendo mudos. Por eso, cuando camine este otoño entre las columnas de Karnak o recorra las salas del Valle de los Reyes, ya no veré solo piedra esculpida o bellos jeroglíficos decorativos; sabré que estoy escuchando una conversación recuperada gracias al ingenio, la paciencia y la pasión de quienes descifraron el código. Porque, al final, la verdadera magia de la historia no reside solo en la eternidad del granito, sino en la persistencia de la palabra humana.

Edward Dolnick
Actualización: Charlando en los comentarios con mi amigo Fackel sobre las multitudes turísticas, he rescatado del archivo de uno de mis viajes a Londres esta fotografía que le tomé a la Piedra de Rosetta en el British Museum...

Comentarios

Fackel ha dicho que…
El tema me interesa mucho. Iré a la librería a hojear el libro, a ver si tenes razón. En el Valle de los Reyes procura hacerte invisible frente a la masa turística.
cosas de bara ha dicho que…
¡Acepto el reto! Ya me contarás si te convence el pulso entre Young y Champollion. Sobre la masa turística que mencionas, la verdad es que voy muy mentalizada. Las multitudes las tengo siempre asumidas; recuerdo estar en la Gran Muralla china y pensar que estaba en plena Feria de Abril. Así que pondré en práctica el arte de aislarme del ruido para escuchar el eco de las piedras. ¡Gracias por pasarte y un abrazo!
Fackel ha dicho que…
¿Y si te dijera que a mí me desmoviliza la masa desde hace un tiempo? Para cualquier actividad, incluso para algunas colas digamos comerciales. Ya hace muuuuuchos años empecé a tener síndrome o mal de masa, estando en el Louvre. Apenas intentaba ver de pasada en una sala algunas vitrinas o piezas, precisamente de arte egipcio, cuando llegaba el vigilante de sala diciendo allez, allez! Me sorprendió en cambio los Uffizi en otra ocasión, porque habiendo cola para entrar tuve la suerte de ver con cierto desahogo o menos masa las salas, además estaba rodando Dario Argentino una película en el exterior, con su hija Asia de protagonista, y era entretenido. Solo por ver al director, un tipo nervioso y ágil, moverse cundió la visita. Ríe.
cosas de bara ha dicho que…
Ese "mal de masa" que comentas es terrible, y en el Louvre a veces parece que te meten en una cadena de montaje. A mí no me gustan nada las aglomeraciones, pero cuando viajo asumo que son inevitables y activo una especie de interruptor mental de paciencia infinita. Bueno... casi siempre. Confieso que hay cierta nacionalidad que me saca de mis casillas vaya donde vaya, básicamente por esa mala costumbre que tienen de abrirse paso a empujones. ¡Ahí se me acaba el zen!

Me ha encantado tu historia en Florencia. He ido a buscar a Dario Argento a la Wikipedia porque no he visto ninguna de sus películas, y al ver que es un maestro del terror entiendo por qué: huyo de ese género porque no me gusta nada pasarlo mal. Pero investigando un poco, probablemente lo que viste fue el rodaje de El síndrome de Stendhal. Desde luego, ¡ver a un director en plena acción cunde mucho más que cualquier sala atestada! Un abrazo!
cosas de bara ha dicho que…
Por cierto, Fackel, un apunte cinéfilo rápido sobre el comentario anterior. He visto que la película se estrenó en España con el título El arte de matar. Te dejo por aquí la ficha por si te pica la curiosidad y quieres echar un vistazo a lo que estaban tramando aquel día en Florencia: https://www.filmaffinity.com/es/film958748.html
Fackel ha dicho que…
En efecto, vi el rodaje de ese filme, no solo delante de la Galería sino en otras calles, muy entretenido. Es un director de filmes de serie B que me aburren un tanto, aunque apenas habré visto o medio visto un par de ellas. Es que además Argento era un espéctaculo por sí mismo viéndolo trabajar.

Apunto el enlace a ver de qué va. Muchas gracias.
Anónimo ha dicho que…
"Libros, caminos y días dan a las personas sabiduría" (Proverbio árabe)

Buen viaje, Bara. Y buena compañía.

Chiloé
cosas de bara ha dicho que…
Muchísimas gracias, Chiloé. No podías haber elegido un proverbio más bello y oportuno. Al final, todo lo que nos forma se resume exactamente en eso: las páginas que leemos y los kilómetros que andamos. Agradezco inmensamente tus buenos deseos y tu compañía en este rincón. ¡Un abrazo grande!
Fackel ha dicho que…
https://thumb.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/b/bc/Rosetta_Stone_2014_01.JPG/1280px-Rosetta_Stone_2014_01.JPG?utm_source=es.wikipedia.org&utm_campaign=imageinfo&utm_content=thumbnail

Podría titularse la Piedra y la masa.
cosas de bara ha dicho que…
¡"La Piedra y la masa"! Desde luego, Fackel, daría para el título de un buen ensayo sociológico o una novela de misterio. Tu comentario me ha dado una idea estupenda: como aquí en la caja de respuestas no puedo subir imágenes, he ido a bucear en el archivo de uno de los viajes a Londres y he rescatado la foto que le saqué yo misma en el Museo Británico. La acabo de añadir al final de la reseña en el blog. ¡Gracias por la inspiración!

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