Antes de que se me olvide: que nadie pague por ver este bodrio. Es cine catastrófico malo, pero muy malo. Incluso te cuelan, casi al final de la película, uno de esos discursos de solidaridad y humanidad que tanto les gustan en EE. UU. Fingen preocuparse por los más desfavorecidos cuando, en realidad, los que se salvan son multimillonarios que han pagado millones de euros por una plaza en unas supuestas naves espaciales (que luego resultarán ser arcas).
Para quien no lo sepa a estas alturas, la trama gira en torno al fin del mundo según el calendario maya. Hay erupciones volcánicas, terremotos y todo el caos imaginable. El protagonista es John Cusack, y a mí me deja maravillada ver cómo una persona normal y corriente se convierte de repente en un superhéroe.
El presidente de los Estados Unidos es Danny Glover (afroamericano, claro), que por supuesto tiene una hija muy guapa. Ella, cómo no, se salvará y se quedará con otro chico afroamericano tan guapo como listo, mientras que el presidente se quedará estoicamente en la Casa Blanca para morir con su pueblo.
No cuento más. La película está llena de guiños baratos al espectador para buscar la lágrima fácil. Lo único que realmente merece la pena es el simpático personaje que hace Woody Harrelson; algo histriónico, pero divertido.
Lo dicho: no gastéis el dinero en esto y esperad a que la pasen por la tele.
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| Roland Emmerich |


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