La calma antes de la tormenta estalinista
Galardonada en 1994 con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes (ex aequo con ¡Vivir! de Zhang Yimou) y ganadora del Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa al año siguiente, Quemado por el sol (Utomlyonnye solntsem) es una de las cumbres del cine ruso contemporáneo. Es una obra que exige ser saboreada a fuego lento; una película monumental en la que es indispensable dejarse llevar por el complejo entramado de sus múltiples personajes.
La cinta nos sitúa en el verano de 1936, en los albores de las Grandes Purgas de Stalin. Durante su primera hora y media, la narrativa nos envuelve en el idílico y bullicioso ir y venir de una familia en su casa de campo (una dacha), un entorno de privilegios burgueses que resulta ser un fascinante contrasentido histórico dadas las fechas.
El patriarca es el coronel Serguéi Kotov, un auténtico héroe de la Revolución Rusa que goza de la reverencia del pueblo y el favor del Estado. Kotov está profundamente enamorado de su esposa, Maroussia, una mujer considerablemente más joven que él, con la que tiene una encantadora hija, Nadia. La vida de Kotov es un sueño revolucionario cumplido: su mayor deseo es transmitirle a su pequeña que la lucha armada valió la pena para garantizar que todos los niños soviéticos crezcan tan felices como ella.
Sin embargo, esta apacible armonía estival se fractura con la inesperada llegada de Dimitri (Mitya), el primo de la familia y antiguo prometido de Maroussia. El confiado coronel no ve amenaza alguna en esta visita, ignorando que bajo la fachada del carismático seductor se esconde un agente de la policía secreta soviética (NKVD) con una misión letal.
Un reparto en estado de gracia
La solidez de la película descansa sobre las magistrales interpretaciones de su elenco, que logran un equilibrio perfecto entre la comedia costumbrista y el drama histórico:
Nikita Mikhalkov (Coronel Kotov): El propio director asume el rol protagonista, dotando al militar de una mezcla de carisma paternal, arrogancia justificada y una fe ciega y trágica en el sistema que ayudó a crear.
Ingeborga Dapkūnaitė (Maroussia): Aporta una vulnerabilidad palpable. Su personaje es el puente emocional entre el pasado nostálgico (representado por Dimitri) y el presente institucional (Kotov).
Oleg Menshikov (Dimitri / Mitya): Su interpretación es soberbia. Construye a un villano trágico, un hombre encantador y talentoso que ha sido quebrado por el sistema y que regresa movido tanto por el deber como por el resentimiento.
Nadezhda Mikhalkova (Nadia): La hija en la vida real del director interpreta a la pequeña Nadia. Su inmensa naturalidad frente a la cámara es el ancla que resalta la brutal pérdida de la inocencia que plantea la película.
Desarrollo, fotografía y legado visual
El guion, coescrito por Mikhalkov y Rustam Ibragimbekov, es una lección de construcción narrativa. La tensión no se logra mediante la acción, sino a través del contraste: la belleza de un día de verano choca inexorablemente con la paranoia del terror estalinista. Todo esto se eleva gracias a la deslumbrante dirección de fotografía del ucraniano Vilen Kaluta. El uso de la luz dorada y los colores cálidos de la estepa rusa envuelven la película en un tono melancólico, convirtiendo el propio paisaje en un personaje que asiste, impotente, a la tragedia.
Curiosidades que enriquecen el visionado
El origen del título: "Quemado por el sol" hace referencia a un popular tango ruso de la década de 1930 llamado Утомлённое солнце (Utomlyonnoye solntse - "El sol cansado"). El tema suena de manera recurrente en la película, y el "sol" funciona como una metáfora directa del poder absoluto de Stalin: ilumina y da vida, pero si te acercas demasiado, te calcina.
El simbolismo de la esfera de luz: A lo largo del metraje aparece una misteriosa bola de fuego (rayo globular) flotando por la casa. Este fenómeno meteorológico simboliza la amenaza invisible, arbitraria y destructiva del Estado, que puede aniquilar a cualquiera sin previo aviso.
Las polémicas secuelas: Como adelantaba el autor del texto original, "las noticias no son muy alentadoras" respecto a sus continuaciones. En 2010 y 2011, Mikhalkov estrenó Quemado por el sol 2: Éxodo y La Ciudadela, compitiendo nuevamente en Cannes. Sin embargo, estas superproducciones bélicas fueron recibidas con enorme frialdad por la crítica internacional y fracasaron en la taquilla rusa, siendo acusadas de tener un tono excesivamente grandilocuente que traicionaba la intimidad poética de la cinta original de 1994.
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| Nikita Mikhalkov |


Comentarios
primera...
Un beso guapa¡¡
Sí, las noticias de la saga no son muy buenas, pero una película de Nikita Mikhalkov siempre la espero con interés, tengo el pálpito que no me defraudará (espero que no se le haya ido la pinza).
Habrá que verla.
Saludos,
Bara
besos
Pero, ¡vaya coincidencia con esta película!, aún no encontré a nadie que no le gustara, no sé, me mosquea.
Y muy bien, con esperanza para la nueva película, que estamos hablando de Nikita Mikhalkov. Vi un trailer de apenas unos segundos, y está bien.
Hasta otra,
Bara
http://www.youtube.com/watch?v=XS8rR9v9lC8&feature=related
No se si conoces a Dolina, es un humorista que tiene un muy buen programa que se llama La venganza será terrible. Se puede oir en vivo por internet, pero como es un poco largo, puedes ir primero a este link donde suben los dos fragmentos principales del programa (uno son comentarios simpaticos sobre lecturas historicas, y el otro es improvisacion humoristica):
http://www.espectador.com/1v4_historico.php?idZona=294&sts=1
los programas completo, por si te interesara, lo suben en este otro enlace:
http://venganzasdelpasado.com.ar/
Saludos!
Emilio
No, no conocía a Dolina. Estoy completamente de acuerdo con él sobre la televisión, que se considera con todos los derechos a hacer lo que le da la gana con la disculpa “del derecho de informar” (pasando por encima de otros derechos tan dignos de respeto, como son el de intimidad, el de honor, de propia imagen, etc., y que considero que aquél no está por encima de éstos, al menos, en términos generales) con métodos estalinistas, esta calificación ha hecho fortuna y ya todos al oírla sabemos perfectamente de qué hablamos.
Sin embargo, ahora deberíamos encontrar otros términos porque se sigue matando, también como lo hacía Stalin, pero también de otra forma silenciosa que me parece más atroz y es el matar de hambre, leí ayer en el diario público esto, http://www.publico.es/internacional/311081/dinero/destinado/rescate/financiero/bastaria/erradicar/hambre/pobreza/salvar/bancos,
me parece terrible y me llena de vergüenza, creo que todos somos culpables, no se da un tiro en la nuca, pero al fin y al cabo… Busquemos otro término.
Por cierto, parece que hay temas (nacionalidades, ideologías… no sé) que se juntan en mi vida de lectora. Hace un par de semanas que terminé “El hombre que amaba a los perros”. Si puedo, este fin de semana hago una entrada.
Hasta pronto (gracias por el enlace, en algunas ocasiones son los cómicos los que mejor denuncian las arbitrariedades de nuestra sociedad),
Bara