Desde el inicio de la película, las referencias a la propia filmografía de Kitano son continuas. Su genialidad al encarnar a estos dos personajes no tiene igual; si su calidad como director es indiscutible, como actor simplemente hay que quitarse el sombrero ante él. La magia ocurre especialmente cuando ambos coinciden en la misma escena: el desdoblamiento está tan bien ejecutado que realmente llegamos a creernos a los dos.
Las situaciones absurdas se desarrollan a lo largo de todo el metraje mediante escenas verdaderamente geniales. Destaca, por ejemplo, aquella secuencia onírica en la que el protagonista conduce un taxi y se le cruza un hombre negro con una linterna en la cabeza; a esto le sigue la subida al vehículo de dos hombres que pesan trescientos kilos, a los que luego se suman otros dos, topándose finalmente con una calle plagada de cadáveres que deben sortear con el coche. Las secuencias hilarantes y surrealistas no dan tregua hasta el final de la cinta.
En su momento leí bastantes críticas sobre esta película en las que se afirmaba que a Kitano "se le había ido la pinza" y que estaba acabado. Sinceramente, creo que quienes afirmaron esto no entendieron Takeshi's o, directamente, desconocen por completo la filmografía del director. Si no se tiene un conocimiento previo de su trabajo anterior, resulta imposible hacer una valoración justa de esta rareza cinematográfica (ni de la que le sigue en esta peculiar trilogía).

Comentarios