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| Norimichi Kumamoto |
En 1968, Kumamoto Norimichi fue uno de los tres jueces del Tribunal del Distrito de Shizuoka que condenó a Iwao Hakamada a la horca, a pesar de que Kumamoto se mostró en desacuerdo con sus colegas. Kumamoto renunció a su puesto poco después y dice sentirse muy culpable desde entonces de haber tenido que condenar a un inocente.
Hakamada Iwao tiene 73 años y ha pasado los últimos 40 en un corredor de la muerte de Japón acusado de un delito que podría no haber cometido. Después de 20 días de interrogatorios policiales sin acceso a un abogado, Hakamada Iwao hizo una confesión de la que después se retractó. Al cabo de muchos años confinado en soledad y tras varios recursos rechazados, empezó a mostrar los primeros síntomas de trastorno mental. En 2006, un informe médico estableció que sufría una enfermedad mental. El caso de Hakamada Iwao no es único en Japón.
Aunque el hermetismo que rodea todo el sistema de pena de muerte impide conocer el número exacto de personas con enfermedades mentales que han sido ejecutadas o están condenadas a muerte, Japón continúa aplicando la pena capital a este colectivo, vulnerando así las normas internacionales que ha suscrito. En Japón, los presos no conocen la fecha de la ejecución hasta pocas horas antes.
Para ellos, cada día puede ser el último. Además, las condiciones de reclusión en los corredores de la muerte son extremadamente duras, ya que viven en un estricto régimen de aislamiento y sin apenas contacto con el exterior. Estas condiciones inhumanas aumentan la ansiedad y la angustia de los presos, y en muchos casos los empujan hacia la enfermedad mental.
Nota de actualización (2026): Han pasado muchos años desde que escribí estas líneas y, afortunadamente, la historia de Iwao Hakamada ha dado un giro histórico, aunque dolorosamente tardío. En septiembre de 2024, tras 46 años en el corredor de la muerte —convirtiéndose en el preso que más tiempo ha pasado en estas condiciones en todo el mundo—, un tribunal japonés lo declaró oficialmente inocente a sus 88 años. La justicia reconoció por fin que las pruebas habían sido falsificadas por la policía y que su confesión fue extraída mediante interrogatorios inhumanos.
Aunque en 2025 se le concedió una indemnización millonaria por las décadas de vida que le arrebataron, el daño que todo este proceso ha causado a su salud mental es irreversible. Su caso, que logró salir a la luz y resolverse gracias a la incansable lucha de su hermana Hideko, sigue siendo un recordatorio demoledor de las gravísimas fallas del sistema judicial y de la extrema crueldad de la pena capital.
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| Iwao Hakamada (en el centro) entra al Tribunal Superior de Tokio en 2023, acompañado por su hermana Hideko Hakamada, quien luchó por la repetición de su juicio. |


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