And The Winner Is... ¡Ah, las apuestas de los Oscar! La noche del 7 de marzo de 2010 yo estaba muy convencida: apostaba por George Clooney. Creía que, además de bordar un papel de rotunda actualidad, ya era hora de que le dieran el Oscar a mejor actor. A veces los guapos lo tienen difícil; da la impresión de que van de "sobraos" y la Academia no los toma en serio, pero el traje de Ryan Bingham le sentaba como un guante. Y no es casualidad: Jason Reitman (director de Juno y Gracias por fumar) escribió el guion con Clooney en la cabeza, tanto es así que admitió tener una foto del actor sobre su escritorio durante todo el proceso de escritura. Dicen por ahí que la cinta es una comedia, pero no nos engañemos: es una tragedia en toda regla.
Desde el inicio de la película sabemos a qué se dedica Ryan Bingham: pura y simplemente, a despedir trabajadores. Los empresarios no quieren dar la cara, o bien se trata de grandes corporaciones que consideran más rentable subcontratar estos servicios. Y él disfruta haciéndolo. Un dato que hiela un poco la sangre, y que le da a la película su tono casi documental, es que Reitman rodó estas escenas en plena resaca de la crisis económica de 2008. Decidió no contratar actores para los despidos, sino que publicó anuncios en ciudades como Detroit o San Luis buscando a personas reales que acababan de perder su trabajo, pidiéndoles que recrearan ante la cámara cómo fue aquel fatídico momento.
Bingham no es que sea un sádico, sencillamente le gusta su estilo de vida; todo su mundo cabe en una pequeña maleta para no tener que facturar y perder el tiempo. Le gusta vivir en las nubes. Al principio vemos cómo pasa el control de seguridad del aeropuerto en una coreografía perfectamente orquestada: recoge sus dos bandejas y distribuye el cinturón, el reloj, los zapatos, el portátil... Es alguien acostumbrado a moverse como pez en el agua en territorio de tránsito, cruzándose en esos vuelos con todo tipo de pasajeros (incluido el mismísimo Walter Kirn, autor de la novela homónima en la que se basa la historia, que hace un pequeño cameo sentado junto a Clooney). Su único deseo en la vida es alcanzar los diez millones de millas volando.
En uno de estos viajes conoce a Alex Goran (Vera Farmiga). Son la pareja perfecta, ninguno de los dos quiere compromisos. Llegados a este punto, como espectadora me gusta filosofar un poco: ¿somos las mismas personas en ambientes distintos?, ¿nos comportamos igual? Alex Goran tiene dos vidas. Una de ellas la comparte con Ryan Bingham; la otra, es una sorpresa para todos.
La vida perfecta de nuestro protagonista empieza a tambalearse cuando llega una nueva compañera, Natalie Keener (Anna Kendrick). Viene apoyada por los jefes y quiere modernizar la forma de trabajar de la empresa (sustituyendo los viajes por despidos por videollamada). Es un momento duro para Bingham, que ve cómo se le acaban los vuelos. La evolución de Natalie será de 180º: comienza con unas ansias tremendas en su nuevo trabajo, queriendo demostrar lo buena profesional que es, pero pronto descubrirá que despedir a personas mirándolas a la cara es mucho más duro de lo que parecía desde la teoría.
Al final de la película, reflexionamos al igual que lo hace Bingham. ¿Y si decimos que Up in the Air es, en el fondo, una película denuncia? La selección musical es excelente, comenzando con el clásico This Land Is Your Land de Woody Guthrie (una canción de 1940 en la que denunciaba la miseria de su país), magistralmente versionada en esta ocasión por Sharon Jones and the Dap-Kings.
Actualización: And The Winner Is... Finalmente, Clooney no se lo llevó (se lo arrebató Jeff Bridges por Crazy Heart), y mi otro firme candidato, Michael Stuhlbarg (Un tipo serio), ni siquiera logró la nominación. En cuanto a las espléndidas Vera Farmiga y Anna Kendrick, nominadas ambas a mejor actriz secundaria, vieron cómo Mo'Nique se alzaba con la estatuilla. Así es Hollywood.
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| Jason Reitman |


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