Confessions (Kokuhaku) arranca con una de las secuencias más absorbentes del cine nipón contemporáneo: durante media hora, la profesora Yuko Moriguchi, interpretada por Takako Matsu, pronuncia un monólogo letal frente a una clase alboratada en su último día de trabajo. Con un tono monótono y sin gestos ostentosos, les revela que su marido contrajo SIDA en el extranjero y, lo que hiela la sangre a los alumnos, que su pequeña hija no murió ahogada en la piscina del colegio por accidente. Fue asesinada por dos estudiantes de esa misma clase. Sabiendo que la ley protege a los menores de edad y no los castigará, ella decide tomar la justicia por su mano y ejecutar su propia venganza.
El desarrollo: Del bestseller a la pantalla
El guion, escrito por el propio director Tetsuya Nakashima junto a Kanae Minato, adapta la exitosa novela homónima de esta última. La obra literaria original fue un auténtico fenómeno en Japón, ganadora del prestigioso premio Honya Taisho (Premio de los Libreros), gracias a su brillante estructura de múltiples puntos de vista, un elemento que la película traslada con gran habilidad. La cinta te mantiene completamente enganchada a la butaca hasta el final. Su único defecto, quizá generalizado en el cine japonés, es ese afán por explicarlo absolutamente todo para que a la espectadora no le queden dudas.
A pesar de su innegable calidad, quienes la disfrutamos en el Festival de Sitges ya intuíamos que su cruda temática le pasaría factura. Fue seleccionada por Japón para los Oscar de 2011 en la categoría de mejor película de habla no inglesa y estuvo a un paso de ser nominada. Sin embargo, una trama centrada en niños asesinos y una adulta vengativa no es el material ideal para el conservador filtro de los premios estadounidenses.
Una propuesta visual impecable
Tetsuya Nakashima ya era un director reconocido en Sitges por obras vibrantes como Kamikaze girls (2004), Memories of Matsuko (2006) y Paco and the magical picture book (2008). Sin embargo, en Confessions, Nakashima da un giro radical. Abandona su habitual explosión de color para ofrecer una fotografía impecable, fría y grisácea que se agradece enormemente en el contexto de la historia. La puesta en escena es sobresaliente, apoyada en un montaje rítmico, un uso magistral de la cámara lenta y una selección musical que subraya la tragedia de forma excepcional (destacando el melancólico uso de temas de Radiohead).
Un reparto bajo presión
El elenco sostiene el peso de una narrativa asfixiante. Las actuaciones de los niños asesinos y de Yoshino Kimura (la madre de uno de ellos) son espléndidas.
En cuanto a la protagonista, Takako Matsu, su actuación puede llegar a dividir opiniones. Su extrema frialdad resulta a ratos poco creíble, y quizá habría sido más impactante verla con el entrecejo fruncido, destilando pura rabia, en lugar de derramar tantas lágrimas.
En conclusión, es una película absolutamente no recomendable para espíritus sensibles, pero en caso contrario, es de visionado obligatorio.
Takako Matsu 松たか子 (まつたかこ) (la mamá-profe vengadora)
Masaki Okada 岡田将生 (おかだ まさき) (un profesor)
Yoshino Kimura 木村佳乃 (きむら よしの) (otra mamá)
Yukito Nishii 西井幸人 (にしい ゆきと)
Manami Hashimoto 橋本愛実 (はしもと まなみ)
Kaoru Fujiwara 藤原薫 (ふじわら かおる)
Naoki Ichii 一井直樹 (イチイナオキ)
Hirofumi Arai 新井浩文 (あらい ひろふみ)
Makiya Yamaguchi 山口馬木也 (やまぐち まきや)
Mana Ashida 芦田愛菜 (あしだまな) (la niña muerta)
Kinuwo Yamada 山田キヌヲ (やまだ キヌヲ)











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| Tetsuya Nakashima |



Comentarios
Besitos
Muchas gracias por el comentario, me alegra que te guste la entrada.
Besos Bara
¡¡Vaya película!! Tiene momentos geniales y otos un tanto rebuscados, pero la verdad es que globalmente me encantó. Me atrapó de principio a fin.
Como dices, la fotografía es soberbia, y la música, ¡que sorpresa escuchar radiohead!. Genial.
Tras ver la primera parte de la película (la primera "confesión"), pensé que debería quedarse ahí, y sería un buen corto, pero que va.
En fin, gracias Bara por mostrar esta pequeña joya.
Sí, hizo muy buen trabajo Nakashima. Lo de radiohead un puntazo, pero en general toda la música, desde principio a fin.
Salvo algunas escenas de la última confesión, personalmente creo que no aportan nada a la película porque ya era perfecta, me refiero sobre todo a lo de la conversación por teléfono, la explicación de la bomba, algo que ya se intuía, recuerdo también el brazo en el congelador con el tatuaje, un detalle de cine gore que no me gustó nada, ya sabemos lo malo que es el chaval.
Pero bueno, apenas unas escenas, a excepción de éstas, creo que está llamada a convertirse en una película de esas que vuelves a ver y que sigues fijándote en cosas nuevas.
Salvo raras y honrosas excepciones, el mejor cine está en Asia, guste o no, por ejemplo, a esta Academia de cine española que ahora está a la greña y piensan que son la hostia.
Hasta otra,
Bara
(P.D. 1 de febrero, próximo martes: ichi–kyu-hachi–yon )