De la novela a la pantalla: sin samuráis pero con encanto
La película que os traigo hoy es de esas que, como suele decirse, son para toda la familia. Basada en la novela homónima de Yōko Ogawa, no esperéis encontrar samuráis, yakuzas ni gente de mal vivir. Podría decirse que es una cinta un poco ñoña, pero resulta tan entretenida que confieso haberme quedado con una sonrisa tonta al final. Estaba decidida a verla para rematar la faena justo después de haber leído el libro.
Takashi Koizumi y la herencia de Kurosawa
Está dirigida por Takashi Koizumi (小泉堯史), de quien solo conozco otra obra: Después de la lluvia (Ame agaru, 雨あがる, 1999). Esta sí es una película de samuráis, basada en el último guion escrito por el gran Akira Kurosawa y producida por la que fuese su productora. Por si fuera poco aliciente, en ella podemos ver a Shiro Mifune, hijo del llorado y genial Toshirō Mifune. Como todo esto da para mucho, ya le dedicaré una entrada específica a esa película, que de esas cosas también se alimenta un blog. Curiosamente, ambas cintas comparten al mismo actor protagonista: Akira Terao.
Ochenta minutos de memoria y un nuevo narrador
En cuanto a La fórmula preferida del profesor, la adaptación cinematográfica es fiel a la historia de la novela, aunque introduce un cambio importante: mientras que en el libro la narradora era la asistenta, en la película el hilo conductor lo lleva su hijo, Root (interpretado de adulto por Hidetaka Yoshioka, a quien también vimos en Después de la lluvia). La cinta arranca el día que él comienza a trabajar como profesor y decide contarles la historia a sus propios alumnos.
Así, nos relata cómo su madre entró a trabajar en la casa de un peculiar profesor de matemáticas cuya memoria, tras un accidente, solo duraba ochenta minutos. Pese a esta discapacidad, el profesor (que conservaba intactos sus recuerdos previos al accidente) les enseñó de forma amena el fascinante mundo de los números. La película es bastante más sentimental que el libro y todos los personajes son extremadamente agradables (quizás un poco empalagosos, pero haced como si no hubiera dicho esto).
Un pequeño inciso sobre la enseñanza
Personalmente, fui muy afortunada con mis profesores. Los mejores no estaban en el colegio, sino en mi propia familia, así que no guardo ningún mal recuerdo. Eso sí, reconozco que hay docentes que habrían hecho mejor dedicándose a la recolección de la aceituna en lugar de a la enseñanza...
El veredicto final: números y amistad
En definitiva, os animo a ver la película si os da pereza leer el libro; es una forma preciosa de recordar qué son los números primos, los perfectos o los amigos. Y si queréis saber cuál es exactamente esa «fórmula preferida», siempre podéis echarle un vistazo a mi entrada anterior, donde hablo de la novela.
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| Takashi Koizumi |




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