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Kokoro こころ - Natsume Sōseki: El maestro que me rompió el corazón

El cierre de un ciclo personal 

Mi historia con Natsume Sōseki empezó de la forma más curiosa. Hace años, ese librero que se toma libertades poniéndome libros en la mano (y al que no me atrevo a llevar la contraria) me entregó un ejemplar de Kokoro. Era de la editorial Gredos, de pasta dura, numerado... un libro que, al principio, me pareció "feo", casi como si fuera a empezar una enciclopedia y al que, al final, le añadí el kanji **こころ** cuando empecé a estudiar japonés. Esa edición de tapa dura y numerada fue pionera en el catálogo de Gredos —tradicionalmente grecolatino—, formando parte de un intento por incorporar clásicos japoneses que, aunque limitado, nos dio joyas como Kokoro y Heike monogatari. Lo que explica esa mi primera impresión de "enciclopedia" más que de novela. 

Pero al llegar a casa y ponerme a leer, no pude parar. Al terminar la lectura apasionada de la historia, acabé moqueando un buen rato, llorando con un final que se me quedó grabado a fuego. 

Desde entonces, he ido encontrándome con Natsume Sōseki en distintos momentos de su obra: primero llegó para mí la sátira desternillante de Soy un gato, luego la rebeldía juvenil de Botchan y más tarde ese puente hacia la madurez que supuso Sanshiro, sin olvidar el haiku‑poético de Kusamakura, que aún tengo pendiente de reseñar como se merece. Aunque en mi experiencia Kokoro fue el inicio de todo, en la trayectoria del propio autor pertenece a su etapa de madurez, posterior a estas novelas; por eso hoy regreso a ella, para cerrar este ciclo con la obra que de verdad me conquistó. 

El escenario de un enigma: El fin de la era Meiji

La historia comienza con una calma engañosa en las playas de Kamakura, hacia el final de la Era Meiji (1868-1912). Para entender la atmósfera del libro, hay que saber que esta fue una época de cambios brutales: Japón dejó de ser un país feudal de samuráis para convertirse en una nación moderna. La gente vivía con un pie en el pasado y otro en un futuro incierto.

Este choque cultural se personifica en el General Nogi Maresuke, héroe nacional de la Guerra Ruso-Japonesa, que tras la muerte del Emperador en 1912 decidió quitarse la vida siguiendo el antiguo código de honor.

Horas antes de cometer seppuku junto a su esposa Shizuko, posaron para este retrato formal con una serenidad escalofriante: él en uniforme militar, ella en kimono ceremonial, plenamente conscientes de su destino. Fue un acto que se vivió como anacrónico incluso en su momento: un último estallido del código samurái en pleno Tokio moderno. Este sacrificio real es el que marca el destino de nuestro protagonista, Sensei, quien ve en ese gesto la señal de que su tiempo también ha terminado. 

El enigma de un guía: El alumno y Sensei

En este contexto conocemos a un joven estudiante fascinado por un hombre maduro al que llama Sensei. Como ya os conté en Sanshiro, donde se vislumbraba esa amistad con el profesor Hirota, aquí la relación maestro-alumno llega a su punto más íntimo. Me conmovió la sed de este joven por encontrar un guía en un mundo que cambia demasiado rápido. Hay algo de "enamoramiento" intelectual en su devoción; él intuye que Sensei posee una verdad sobre la vida que nadie más tiene, aunque sea amarga.

Ese contraste entre la búsqueda de guía y la soledad madura de Soseki se ve clarísimo en su evolución: Kusamakura marca su lado contemplativo y artístico de 1906, mientras que Kokoro publicada por entregas en el periódico Asahi Shimbun en 1914, cuando Soseki ya era una figura consagrada— viró su escritura del humor inicial a una exploración mucho más oscura de la culpa y la soledad. Forma parte de la “trilogía tardía” junto a A la deriva y Más allá del equinoccio de primavera, donde afina ese conflicto del intelectual japonés moderno que ya no termina de pertenecer a ningún mundo.

La sombra del pasado y la esposa silenciosa

En las visitas del joven a la casa de Sensei en Tokio, descubrimos a su esposa, Shizu. Es un matrimonio de una delicadeza extrema, pero separado por un muro invisible. Sensei la ama, pero se percibe que no se permite ser feliz. Hay una herida antigua en su pasado que le impide entregarse al presente. Como bien retrata Soseki, la soledad de Sensei es una elección impuesta por su propia conciencia. Soseki mismo, que fue profesor de inglés en la Universidad de Tokio antes de dedicarse a escribir, llenó sus protagonistas de esa mezcla de intelectualidad y aislamiento que la crítica ha llamado “el culto a la soledad”: no solo un estado anímico, sino una ética autodestructiva, una penitencia por una culpa que se carga hasta el final.

La casa misma, con su diseño tradicional que vemos en esta ilustración del libro —shoji translúcidos, engawa corrida y jardín sereno—, refuerza esa soledad: espacios abiertos pero separados por muros invisibles, como el de Sensei y Shizu. 

 La carta final: Un testamento de soledad

El clímax llega cuando el estudiante recibe una carta que es, en realidad, una confesión desgarradora. No quiero desvelar el secreto que esconde —la figura de un amigo del pasado llamado K—, porque es un misterio que cada lectora debe descubrir. Solo diré que esa carta explica por qué Sensei vivía como un muerto en vida. Es una lección brutal sobre el egoísmo humano y cómo un solo acto puede proyectar una sombra sobre toda una existencia.

El propio título, kokoro, es resbaladizo: se traduce como “corazón”, pero abarca mente, conciencia, sensación íntima; es el “centro” desde el que uno siente y piensa, un juego que Soseki explora entre la intimidad del personaje y el clima moral de toda una época.

Conclusión: El maestro que guardo en el corazón.


Regresar a Kokoro a través de la impecable traducción de Carlos Rubio —valorada por sus notas y la extensa introducción que contextualiza la Era Meiji, Nogi y la evolución de Soseki— ha sido el broche de oro para este recorrido por su obra. Después de haberlo "exprimido" en el blog, puedo decir que, aunque disfruté de la ironía del gato y de las aventuras de Botchan, es en esta novela donde reside su alma.

Comentarios

Fackel ha dicho que…
Eres un portento de lectora y de controladora de temas del Sol Naciente.
cosas de bara ha dicho que…
⛩️🌹 ¡Muchísimas gracias, Fackel! Me hace mucha ilusión leerte. Me alegra que esa pasión por los temas del "Sol Naciente" llegue de esa forma a través de mis textos y que un lector con tu criterio valore así mi manera de contarlos. ¡Un abrazo!

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