Hay libros que llegan con fama de “gran novela feminista del momento” y una se acerca con cierta desconfianza. Con Pechos y huevos me ha pasado algo distinto: más que un eslogan, me he encontrado con tres mujeres muy concretas, muy frágiles y muy tercas, que me han acompañado varios días después de cerrar el libro. Cierro sus páginas y me queda una sensación difícil de nombrar. Es uno de esos libros que se te quedan dentro, dándole vueltas a la cabeza, como si aún no quisieran soltarte. Me ha removido y, a ratos, me ha dolido, pero también me ha hecho pensar en todo lo que todavía callamos las mujeres, aquí y allí. Un viaje en el tiempo (y en el espacio) Lo primero que me impactó fue la distancia cultural. Al leer sobre Natsu, Makiko y Midoriko , me venían imágenes de una España de hace sesenta años. Si quitamos el paisaje urbano de Osaka y los Snack Bars , lo que queda es una soledad parecida: mujeres que sobreviven como pueden, con trabajos precarios y pocas manos que las soste...
Crítica cultural:
literatura, sociedad y mucho cine japonés.
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