A principios de mes pudimos leer en la prensa unas declaraciones que hielan la sangre, las de Yi Okseon: "Cada día tenía que complacer a 30 soldados japoneses". Luego, el artículo firmado por Pablo M. Díez aseguraba: "Como 200.000 mujeres, esta coreana fue una esclava sexual en los burdeles del Ejército japonés en la II Guerra Mundial".
Estos titulares son de los que nos hacen leer una noticia que, muchas veces, no es más que puro clickbait para generar alarma sin ningún fundamento. Pero en este caso no es así, y nunca es suficiente el tiempo que dediquemos a hablar de ello. Todo esto me hizo recordar la publicación en marzo de 2010 por Ediciones B de Esclavas sexuales. La esclavitud sexual durante el Imperio Japonés, traducido del inglés por María Alonso Gómez y David Paradela.
El origen del libro y el testimonio que lo cambió todo
La obra nos llega con bastante retraso, ya que hace quince años que se publicó originalmente en Japón por Yoshimi Yoshiaki (吉見義明), catedrático de Historia del Japón Contemporáneo de la Universidad de Chuo, Tokio, y miembro fundador del Centro de Investigación y Documentación de Responsabilidades de Guerra Japonesas. La edición inglesa es de 1999.
Yoshiaki nos explica al inicio del libro por qué comenzó esta investigación, remontándose a 1991, cuando tres ex mujeres de consuelo surcoreanas presentaron una demanda ante el Tribunal de Primera Instancia de Tokio. Fue una mujer en particular, Kim Hak-sun, quien lo conmovió profundamente cuando declaraba: "Quiero demandar porque yo fui avasallada por el ejército japonés y he tenido que vivir en la miseria. Quiero que los jóvenes de Corea del Sur y de Japón sepan lo que este país hizo en el pasado".
La estructura del horror: de "mujeres de consuelo" a esclavas
Mujeres de consuelo, Comfort women, ianfu (慰安婦)... todos son eufemismos para hablar de las esclavas sexuales que habían hecho los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.
El libro se divide en seis capítulos, además de una Introducción, el Resurgimiento del debate, Conclusión, Epílogo y Notas. En sus páginas se detalla de forma exhaustiva:
- El contexto para la creación de los centros de consuelo: Una decisión militar tomada, en gran parte, tras la Masacre de Nankín, con el objetivo cínico de intentar frenar las violaciones indiscriminadas de los soldados a la población civil y controlar las enfermedades venéreas entre las tropas.
- Su expansión: Cómo este sistema se extendió por todos los territorios ocupados en Asia.
- El reclutamiento y la memoria: Cómo eran engañadas y coaccionadas las mujeres, cruzando los estremecedores testimonios de las víctimas con las memorias de los soldados.
- El cautiverio: Las terribles condiciones de vida y supervivencia que soportaban estas mujeres.
- La justicia internacional: Las violaciones del derecho internacional y los juicios por crímenes de guerra.
- La posguerra: La situación de absoluto desamparo y estigma a la que se enfrentaron después del conflicto.
Esta publicación histórica ha sido posible gracias al hallazgo por parte del autor de documentos oficiales en 1991 en los archivos de la Agencia de Defensa de Japón. Eran registros que tenían que haberse quemado al final de la guerra y que, al salir a la luz pública, demostraron irrefutablemente la implicación directa del Ejército Imperial. Este descubrimiento obligó al gobierno japonés a emitir la famosa "Declaración Kono" en 1993, reconociendo por primera vez su responsabilidad oficial.
La violencia machista como arma de guerra y su reflejo en el cine
De vez en cuando se habla de este tema, pero no es algo superado. Japón aún no ha reconocido con la contundencia necesaria ni ha reparado todo el horror causado en su afán imperialista (prueba de ello son las "Manifestaciones de los miércoles" que las supervivientes llevan celebrando frente a la embajada japonesa en Seúl desde 1992).
La violencia sexual es, por desgracia, común a la inmensa mayoría de los conflictos. Es la expresión más atroz de la violencia machista, utilizada sistemáticamente como arma de guerra. Como muy bien dice Mercè Rivas Torres en su artículo de El País, Mujeres invisibles, víctimas de la guerra, en muy pocas líneas vemos todo el horror que las mujeres sufrimos en los conflictos armados, un ensañamiento añadido al horror de la propia contienda.
![]() |
| Yi Okseon |
Mientras no las apoyemos (a las mujeres víctimas) incondicionalmente, ellas seguirán en silencio y destruidas. Los historiadores hablarán de muertos, heridos y daños económicos, y ellas seguirán siendo invisibles, como hasta ahora.



Comentarios
Y si, como comentas, lo más triste de todo es que no es una práctica confinada a aquel imperio japonés y a los horrores del siglo pasado.
Mira todo lo que se "destapó" en el caso de sierra leona, hace solo un par de años...
Bueno, al tema, a ver si le hago un hueco al libro este. Gracias.
Sí, Sierra Leona y tanto sitios, pero no solo en épocas de guerra, también fuera de éstas, cuando los hombres en situación de poder y las leyes no les castigan, quienes se esconden son las mujeres y no los hombres violadores, como debería ser.
Te agradezco mucho el comentario en esta entrada, todo lo que se hable de este tema es poco.
Un saludo,
Bara
Voces del pasado, ecos del presente. la Red de Trabajo Contra la Violencia Sobre las Mujeres en Tiempos de Guerra y su labor en la sociedad japonesa
Muy desconocido es este asunto, cuando me hablaron de esto creía que me mentían, no lo podía creer. Supongo que como yo, habrá mucha gente.
Muchas gracias por el comentario y por el enlace, no lo conocía, lo leeré con mucho interés.
Un saludo,
Bara