Eso digo yo: maldito Tarantino. No, no es la peor de Quentin Tarantino (¿o tal vez sí?). Tampoco la mejor, ni la media. Esta película es una desgracia.
Tiene dos horas y media de duración, pudiendo contarla perfectamente en una hora (¿y cuarto?). Quentin Tarantino se parodia a sí mismo. Las escenas son tan largas —algunas creo que pueden durar hasta veinte minutos— que llegan a cansar. Los diálogos son tontos, aburren. Lloro de dolor; salí de la sala de cine cabizbaja y mordiéndome el labio inferior. Es que es para llorar, qué pérdida de tiempo. ¡Pero si ha dicho que entre pitos y flautas estuvo diez años para hacer esta película! ¿Dónde están Pulp Fiction, Reservoir Dogs, Jackie Brown?
Sí encontramos al verdadero Tarantino en algunos momentos puntuales: el dibujo de las esvásticas en la frente de los alemanes (salvo en la última escena, que no viene a cuento), la salvajada con los cueros cabelludos y, sobre todo, el personaje que interpreta Christoph Waltz. Ese «cazador de judíos» (de Oscar, está magnífico).
Un director que se hizo famoso, entre otras cosas, por sus diálogos mordaces, aquí se dispersa. La escena sigue y sigue, y llega a aburrir; como la secuencia de la taberna, por poner un ejemplo.
Todos los personajes, salvo ese cazador de judíos que salva la película, son aburridos. Ni Brad Pitt lo consigue; mira que lo intenta, pero no convence. Si a la cinta le quitásemos una hora, sería una joya más de Mr. Tarantino.
En Estados Unidos ha tenido mucho éxito, de ahí supongo tanta nominación para los Oscar. Desde luego, no se merece otro visionado.
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| Quentin Tarantino |


Comentarios
saludos
Espero que la próxima película, l'enfant terrible de Tarantino, no la piense tanto y vuelva por sus fueros.
Saludos,
Bara