Una de las buenas noticias que nos trae hoy la prensa (además del júbilo de los egipcios) es que Arnold Schwarzenegger ha anunciado que vuelve al cine. Nunca tenía que haber salido de ahí; así nos habríamos ahorrado conocer su pensamiento político, si es que tiene alguno.
Pero por lo que se refiere al séptimo arte, todas, absolutamente todas las películas de Schwarzenegger me gustan. Si bien tiene algún que otro bodrio, por gustarme, me gusta hasta Junior (1994). Aunque, pensándolo bien, creo que era peor Poli de guardería (Kindergarten Cop, 1990)... O no, Los gemelos golpean dos veces (Twins, 1988) es más bodrio aún. Qué va, la palma de los bodrios se la lleva Un padre en apuros (Jingle All the Way, 1996).
De todas formas, yo me lo pasé muy bien con estas comedias. Schwarzenegger ha protagonizado cintas que a mí me resultan cautivadoras; es pasar una película de este hombre por la televisión y ahí me quedo, atrapada, viéndole y fijándome en todo como buena cinéfila. Aquí va un repaso por algunas de ellas, que forman ya parte de la historia del cine y que no están valoradas como se merecen.
Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, 1982)
Dirigida por John Milius, con guion de este y de Oliver Stone, basándose en el cómic de Robert E. Howard. Aquí hay filosofía de Friedrich Nietzsche y Schopenhauer, no solo músculos; es un guion realmente espléndido acompañado de la fotografía de Duke Callaghan.
Primero, hay que destacar que Jorge Sanz hacía de Conan de niño. Sí, aquel muchacho de Belle Époque (1992); hizo otros papeles muy buenos, pero este lo bordaba. James Earl Jones encarna al dios serpiente, Thulsa Doom, un malo malísimo genial, coronando un final brutal. La banda sonora de Basil Poledouris es de las mejores de la historia y está al servicio total de la película; no se concibe la una sin la otra. Fantástica Sandahl Bergman y un reparto con Max von Sydow (rey Osric), Ben Davidson y Cassandra Gaviola. Y Arnold Schwarzenegger está soberbio en su papel de Conan. Una obra maestra, y que nadie se haga cruces.
Curiosidades cinéfilas:
Aunque parece que Sandahl Bergman no hizo mucho más cine, en realidad ganó un Globo de Oro por este papel y protagonizó El guerrero rojo (Red Sonja, 1985). Su increíble fluidez en los combates se debe a que era bailarina profesional. El reto físico fue muy distinto para su compañero de reparto: las espadas forjadas para la película eran tan pesadas que Schwarzenegger tuvo que someterse a meses de entrenamiento continuo solo para poder blandirlas frente a la cámara sin parecer torpe.
Fue casi imposible encontrar dobles de acción que tuvieran el desarrollo muscular exacto de Schwarzenegger y Bergman. Por este motivo, ambos actores tuvieron que rodar la gran mayoría de sus propias escenas de riesgo, llevándose multitud de golpes y cortes reales.
Gran parte de la película se rodó en España (Almería, Segovia y Cuenca). El frío durante el rodaje fue tan intenso en algunas de las localizaciones que la sangre falsa, hecha con sirope y colorante, se llegaba a congelar sobre la piel.
Conan, el destructor (Conan the Destroyer, 1984)
Dirigida por Richard Fleischer y con guion de Stanley Mann. Trabajan, evidentemente, Arnold Schwarzenegger, Grace Jones, Wilt Chamberlain, Tracey Walter, Sarah Douglas, Mako (Mako Iwamatsu, マコ 岩松) y Olivia d'Abo.
No llega a la categoría de obra maestra como la anterior, pero es realmente estupenda. A destacar la magnífica fotografía del mítico Jack Cardiff. La banda sonora también corre a cargo de Basil Poledouris y, al igual que la primera, es de primer orden. Esta entrega es algo más cómica y está hecha para el divertimento de las masas, pero a mí me entretuvo muchísimo. Es flipante cuando sale Grace Jones, y el poderío que impone Wilt Chamberlain en pantalla. Aquí, Conan debe convocar a las fuerzas del bien para derrotar a los villanos.
Curiosidades cinéfilas:
Para hacer que Schwarzenegger pareciera un hombre "normal", los productores contrataron a propósito a gigantes como el jugador de baloncesto Wilt Chamberlain (2,16 m) y al luchador André el Gigante (que hace del monstruo del cuerno), haciendo que Arnold pareciera pequeño a su lado.
Terminator (The Terminator, 1984)
De James Cameron. Schwarzenegger no será buen actor en el sentido clásico, pero tiene un ojo soberbio para elegir películas. De todas formas, ¿qué es un buen actor? Pues aquel que aprende sus frases, tiene presencia, poderío, llena la pantalla y siempre le recordamos. Cuando lo ves, piensas: ¡Ostras, pero si ese es Arnold Schwarzenegger! Quizá, a su manera, el mejor actor de todos los tiempos.
Curiosidades cinéfilas:
La famosa frase "I'll be back" (Volveré) casi se pierde. Arnold discutió con James Cameron porque le costaba pronunciar "I'll" y quería decir "I will be back". Cameron le contestó: "Yo no te digo cómo actuar, así que no me digas cómo escribir".
En toda la película, Schwarzenegger apenas tiene 17 líneas de diálogo (menos de 100 palabras en total). Ese silencio calculadísimo es el que construye gran parte del aura imparable de su personaje.
El estudio sugirió originalmente a O.J. Simpson para el papel del Terminator. James Cameron rechazó la idea de inmediato en aquel lejano 1983, argumentando que el público jamás se creería a Simpson en el papel de un asesino despiadado (lo que resulta pura ironía teniendo en cuenta lo que pasó en la vida real diez años después, en 1994).
Desafío total (Total Recall, 1990)
Para ir terminando, tenemos Desafío total, dirigida por Paul Verhoeven. Tenéis que ver esta película. Es un peliculón, una auténtica maravilla con Sharon Stone. Pero ojo, si le dais al play, quedaréis enganchadas a Schwarzenegger de por vida. Estamos en el año 2028, preparad las maletas porque viajamos de la Tierra a Marte.
Curiosidades cinéfilas:
Arnold estaba tan obsesionado con el guion (basado en un relato de Philip K. Dick) que, al enterarse de que la productora original había quebrado, convenció personalmente a otra productora (Carolco) para que comprara los derechos, dándole a él el control total sobre la elección del director. Y eligió a Verhoeven.
El actor sufrió varias heridas durante el rodaje. En la escena en la que rompe la ventana del tren con el arma, los explosivos que debían reventar el cristal fallaron; él golpeó el cristal real y se cortó la muñeca profundamente.
Para la icónica escena en la que a los personajes se les salen los ojos en la atmósfera de Marte, se utilizaron cabezas animatrónicas tan complejas que requerían hasta cinco técnicos trabajando de forma perfectamente sincronizada fuera de plano.













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